
1. Gracias
En primer lugar, y por primera vez en mi vida, quiero darme las gracias por haberme permitido emprender este viaje. Por haberme acompañado incondicionalmente sin perder la compasión y el amor por mí misma hasta el final de este proceso. Quiero honrar los miedos, las dificultades y las historias traumáticas que me han enseñado a convertirme en quien soy. Y quiero honrar esa parte de mí que ha sido capaz de dar cabida al dolor, y que incluso ha sido capaz de aceptar a las figuras abusivas que han tenido un papel en todo esto.
Hoy estoy muy agradecida a esa parte de mí que no se rinde, a esa parte que no cree en lo imposible, a esa parte que lucha como una fuerza de crecimiento, para liberar el trauma arraigado en mis células y pasar de ser una víctima a una superviviente. Estoy muy agradecida a esa parte de mí porque, si no hubiera perseverado, hoy no estaría aquí.
Pero también quiero darme las gracias a mí mismo por haberme brindado una nueva oportunidad, una nueva forma de ver y vivir la vida. Y gran parte de esta nueva perspectiva proviene de haber descubierto la metodología del «Proceso de Trabajo» y de haberme entregado plenamente a ella. Estoy agradecida a las personas que desarrollaron esta metodología, y a quienes se han acercado a ella y me la han transmitido desde las dos escuelas en las que me he formado a lo largo de todo el proceso: el Instituto de Trabajo de Procesos y el Deep Democracy Institute. Gracias a cada uno de los profesores por haberme transmitido vuestra pasión y vuestros conocimientos, y por haber os sentado a mi lado junto al fuego con amor, para que hoy pueda descubrirme día a día en una nueva forma de vivir y de ver la vida.
Y tengo que ponerle nombre a mi cuerpo, porque la experiencia no ha sido precisamente fácil; de hecho, ha sido un receptáculo de vivencias intensas y dolorosas. Dale ánimos por su fuerza y su deseo de ser habitado, por su sensibilidad y sus capacidades, y por la persistencia en encontrar formas de poder expresar lo que le está sucediendo y aportar su sabiduría, aunque a veces apenas se vea o se oiga. Y porque, a pesar de la historia que lleva grabada, sigue regenerándose y transformándose para estar bien. Y hoy puedo decirle que le doy las gracias, que veo su dolor, pero también su fuerza, su valor y su luz.
Todo esto no habría sido posible, o habría sido mucho más doloroso, sin las personas que me han acompañado, apoyado y caminado a mi lado por este camino con mucho cariño.
Doy las gracias a Andy Smith, mi principal aliado en este proceso, por su apoyo, su magia, su interés en este proyecto y su ayuda para profundizar en él, así como por su ayuda a la hora de plasmar en palabras mis intuiciones. A Lily Vassiliu y Kate Jobe, por su constante acompañamiento y cariño a lo largo del camino, por creer en mí en todo momento y por ayudarme a cultivar el respeto por mí misma. A Gill Emslie, por estar siempre ahí con su amor y su apoyo, y a Max Schupbach, por las oportunidades que me brindó en el camino y por enseñarme que nada es imposible.
Y quiero mencionar a mi familia, que de una forma u otra ha estado muy presente a lo largo de este camino y que, de alguna manera, ha sabido enseñarme qué es el amor incondicional. A mis padres, por darme la vida y, a pesar de las dificultades, por haberlo hecho lo mejor que pudimos y supimos. Por haber aprendido a querernos en medio del dolor y por aprender, cada día más, a relacionarnos el uno con el otro.
Y ha sido importante sentirme capaz de compartir mi proceso con mis seres queridos, de compartir mi trabajo y mis sentimientos más íntimos con ellos, y con ello romper ese silencio que aísla y hace tanto daño. A todas aquellas personas que, de una forma u otra, me han apoyado a lo largo de este camino, reforzando esa figura de apoyo que ha sido tan importante.
Y quiero dedicar esta obra, de alguna manera, a todos aquellos de nosotros que hemos sufrido abusos sexuales a lo largo de nuestras vidas, para compartir un poco de la soledad que esto encierra y hacer que el mundo brille un poco más.
1. Los comienzos
a) Este viaje y los motivos para emprenderlo: “Lo personal es lo político»1”
“La mejor forma de hacer política y transformar el mundo es revelar nuestros secretos más íntimos”.”2 Arnold Mindell
Se trata de una exploración de mí misma y de mi pasado, que, en algunos aspectos, es muy íntima y en la que hablo de mí y de mis experiencias. Surge de mi propia vida y aborda parte de mi pasado en relación con mis experiencias de placer, entendidas en el sentido más amplio de la palabra. Es un proyecto heurístico en el que exploraré los límites personales y colectivos.3 en relación con el placer, a través de la exploración de mi propia historia, mis experiencias corporales, mis sentimientos y sensaciones, y utilizando las herramientas del «Processwork». De este modo, espero desarrollar mi proceso personal con el fin de enmarcar4 una cuestión social. Se trata de un proceso heurístico porque estoy estudiando el tema a través de reflexiones sobre mi propia historia personal y sobre cómo se activa o no el placer en el mismo momento en que escribo sobre él y lo estudio. Además, al utilizar los métodos del «Processwork» y del «innerwork», así como la retroalimentación procedente de los distintos niveles de conciencia, también recibo retroalimentación de mi supervisor y con él. Todo ello contribuye a garantizar un método heurístico que permite la inmersión, así como explicar y resumir los temas tratados.
El objetivo de mi viaje es doble. Por un lado, quiero encontrar formas de liberarme y de afrontar todo aquello que ha vinculado mi identidad al sufrimiento y al dolor. Mi deseo es crear una nueva narrativa para el resto de mi camino por la vida, para tener una visión nueva y más democrática de mi experiencia, tanto con mis voces internas como con la conciencia que tengo de mis vivencias, de modo que no viva dominada por voces críticas internas. Y mi segundo objetivo —no menos importante— es que, al poner al descubierto mi experiencia y explorarla, pueda llegar a otras personas con experiencias o dificultades similares en relación con lo que defino inicialmente como “ser capaz de abrirse al placer”.
Esta exploración está dirigida a personas interesadas en el tema o que forman parte del mundo del «Processwork», que es el punto de vista y la perspectiva que se utilizan.
Una cosa importante que me ha aportado esta metodología es saber acoger las diferentes partes de mí misma. Por eso voy a empezar acogiendo las diferentes partes que hay en mí al iniciar este viaje. Me gustaría dar la bienvenida a mi fuerza y a mi deseo de transformar las cosas, así como a mi creencia en la posibilidad del cambio a través de la conciencia. Me gustaría dar la bienvenida a la parte de mí que teme reabrir viejas heridas que podrían volver a sangrar; a la parte de mí que teme exponerse, en contraposición a la parte que cree que es importante poner nombre a nuestras propias luchas para poder transformar lo colectivo. Me gustaría dar la bienvenida a las partes de mí que quieren escribir y pasar por este proceso, y a la parte que quiere acabar con esto lo antes posible y no pasar por ello en absoluto. Me gustaría apoyar a ese número infinito de voces que hay dentro de mí, porque todas ellas merecen su lugar y ser escuchadas, incluso aquellas que están más marginadas y silenciadas a nivel social y personal.

En mi vida, en mi trabajo y, concretamente, en este artículo, he recordado a menudo la frase de Arnold Mindell con la que comienzo el capítulo. Es algo que dijo en una clase en Portland hace cuatro años y que se me quedó grabado. Me ha servido de inspiración para sacar a la luz mi verdad, para mostrar quién soy y para salir al mundo en toda mi plenitud, aceptando mi naturaleza como parte del todo. Esta frase me ayudó a comprender que era hora de dar voz a nuestro dolor, a las historias que hemos vivido, a los secretos más ocultos de cada persona. Solo así los encuentros entre personas diferentes podrían construir un mundo menos hostil, más sincero, más honesto y más humano. Es importante compartir nuestras luchas internas; al hacerlo, vemos que son comunes a nuestro alrededor y alivian el ambiente.5. Esto forma parte de mi activismo en el mundo. Como dice Mindell: “El yo interior, las relaciones y el mundo son todos ellos aspectos del mismo proceso comunitario” (1995). Este enfoque me permite trabajar en mis problemas personales y, al mismo tiempo, abordar las cuestiones políticas, sociales y culturales a las que quiero dar voz.
A lo largo de este texto he tenido que volver a conectar con el sentido de todo esto, para no dejarme llevar por los miedos, las dificultades y los interrogantes que conlleva el hecho de exponerme y dar a conocer parte de mi historia.
Para mí, la palabra «placer» ha sido un estado que ha permanecido en gran medida inexplorado y, en algunos momentos de mi pasado, una palabra que carecía de significado real. Por eso, reclamo el espacio del placer, para dar el salto y poder hablar libremente de él, sobre todo habiendo sido socializada como mujer, y conectar con el poder y la fuerza que esconde esa palabra.
Julie Diamond comienza su libro “Un camino que se hace al andar” con este párrafo que, para mí, da sentido a lo que escribo:
Cuando la vida nos depara experiencias dolorosas o los problemas nos abruman, ser capaz de encontrarle sentido a la dificultad resulta liberador. Esas experiencias transformadoras suelen parecer mágicas.
Diamond, 2004: pág. xi
Y con esta esperanza de transformación y con un enfoque teleológico6 Con la mirada fija, me embarco en este viaje para profundizar en la búsqueda del placer, con el objetivo de
ir más allá de la conciencia ordinaria7 para descubrir patrones, tendencias,
formas y colores ocultos tras lo que se ve a simple vista. El camino transforma lo que fue doloroso y difícil en el abono que ayudará a dar nuevos frutos; con una nueva visión, ve y experimenta las mismas cosas de una forma diferente. Con la convicción de que los obstáculos, los retos y las situaciones complejas encierran un verdadero potencial de aprendizaje, crecimiento y transformación.
Con todo esto comienza el viaje hacia lo desconocido, hacia una identidad poco explorada, la “cara opuesta” de vivir en el sufrimiento, que por ahora defino como ”la cara de vivir en el placer». Un viaje que quizá comience como el regreso a algo llamado hogar…
Recorrer el camino del proceso de desarrollo te permite aventurarte más allá de los límites de las ideas preconcebidas, las experiencias familiares y la identidad habitual, y, sin embargo, sentirte en el camino hacia tu propio hogar. Seguir el flujo del proceso también implica dejarse llevar por lo que está sucediendo en un momento dado, en lugar de resistirse a ello. […] Significa que, cuando surge un obstáculo o una dificultad, lo afrontamos para descubrir qué cambios nos depara ese reto. Se trata de una actitud espiritual que se interesa por descubrir cómo nuestro ser más íntimo se sintoniza con todo lo que surge en la vida cotidiana y cómo esto evita que nos convirtamos en víctimas de nuestras experiencias.
Diamond y Spark Jones, 2004: 18
Los sistemas mecánicos presentan un patrón de comportamiento predecible basado en la relación causa-efecto, pero en los sistemas complejos, la teoría nos indica que no podemos predecir todo lo que va a suceder, ya que hay muchos elementos implicados que interactúan entre sí. Abierto a este reto, comienzo esta obra sin saber qué sucederá a lo largo del proceso, sin poder predecir los resultados, y con la idea de seguir el flujo natural del proceso, atendiéndome a sus señales.8 y ver cómo evolucionan los capítulos, las lecciones aprendidas y las sensaciones mientras navego río abajo, dejándome llevar por sus corrientes y otros elementos. Me subo a un tren llamado “peregrinación hacia el placer”, lista para viajar a nuevos mundos, y con un destino que hoy no conozco con claridad, pero que puedo sentir en mi corazón: que algo importante me depara este viaje y las decisiones que lo acompañan. Sé que el viaje no será fácil y que habrá momentos en los que querré bajarme del tren. Pero asumo la llegada de las dificultades y la confrontación de los sistemas de creencias9 y las luchas internas, porque tengo la certeza de que nada puede ser peor que la lucha contra la vida y el placer, que he vivido de una forma u otra, en el camino ya recorrido. Y emprender este viaje hacia la conciencia, Intento dejar atrás el papel de víctima de mis experiencias para asumir uno nuevo.10, al menos más creativos, con más autonomía, una mayor plenitud y una visión de la realidad más amplia y menos sesgada.
Se trata, por tanto, de una decisión personal importante, un compromiso con la vida, un cambio de perspectiva “hacia algo que asocio con la luz”, un permiso para el placer y la libertad, elegir el camino de menor resistencia y nadar a favor de la corriente, hacia la belleza… Me aventuro en una peregrinación hacia el placer… para descubrir la otra cara de la moneda e integrarla como parte de mí misma, con el objetivo de avanzar hacia un ser más completo y vivir mi vida en mi plenitud.
Inspirado por la necesidad de encontrar un sentido a mi existencia, hago del placer mi fuente de inspiración para emprender un nuevo rumbo en la vida, y aquí comienza la aventura…
Y me gustaría invitaros a viajar conmigo, pero ya me imagino que, por mi parte, vamos a dejar a un lado todos los juicios y exigencias para despejar el camino…
b) Punto de partida: visión general del «Processwork»
Este proyecto forma parte de la etapa final de mis estudios de «Processwork» o «Psicología Orientada a los Procesos». Se trata de un paradigma y una metodología que surgieron de la psicología junguiana en los años 70 y 80 de la mano de Arnold Mindell, analista junguiano y físico. Mindell, junto con su grupo de alumnos, investigó el desarrollo de la teoría y la práctica del «Processwork».
Se trata de una “práctica de toma de conciencia” multinivel y multicultural que ayuda a las personas, a las relaciones y a los grupos a descubrirse a sí mismos. Tiene aplicaciones en psicoterapia, liderazgo, coaching, medicina, política, arte y trabajo organizativo.
Para mí, descubrir el Processwork ha sido un regalo que me ha devuelto la vida. Lo descubrí en un momento de mi vida en el que mi nivel de sufrimiento y angustia estaba tiñendo mi vida de un color oscuro y grisáceo. Y esta metodología fue como un rayo de luz venido de más allá que pudo aportar otros matices de color a mi vida y ofrecerme una perspectiva diferente de la misma. Estos últimos años han supuesto un largo proceso de tomar conciencia, creer en mi experiencia y seguirla, con el fin de seguir descubriéndome a mí misma y abriéndome a una visión nueva y más democrática de mí misma, de mi pasado y del mundo, ampliando mi identidad con el objetivo de convertirme en un ser más amable y compasivo que aquel en el que me encontraba en mi pasado. Al mismo tiempo, he aprendido a tener una visión menos parcial y severa de las experiencias, y a dotar a mis creencias y a mi experiencia de una mejor forma de abordar las dificultades encontradas.
Este paradigma nos enseña a creer en la sabiduría oculta de aquellas partes de nuestro ser, nuestras relaciones y nuestro entorno que a menudo ignoramos o que nos resultan inquietantes, esas partes que solemos dejar de lado. Y utilizamos diferentes formas de desarrollar estas experiencias para revelar su sabiduría, interiorizando las distintas partes y escuchando sus mensajes, con el fin de fomentar la integridad del sistema.
Durante muchos años sentí que no había un lugar para mí, que no pertenecía a este planeta. Con el tiempo comprendí que, dentro del mundo aparente, existen otros submundos o mundos paralelos en los que, a veces, puedo sentirme más a gusto. Esto me ayudó a encontrar mi lugar.
El «Processwork», entre otras cosas, me ha permitido aceptar mi naturaleza más profunda —una naturaleza aventurera e intensa— con mayor facilidad, compasión y amor. Y parte de este viaje, de este proyecto, tiene que ver con la conexión con mi yo más profundo y mi camino de vuelta a casa.
c) Mi equipaje y mis metahabilidades
Algo fundamental para este viaje será el equipaje que lleve conmigo. Sobre todo, me llevo a mí misma, junto con mi historia y todos sus colores y sombras, mis sueños y mis fantasías. Pero también hay algo muy importante que llevar conmigo, para garantizar la calidad de mi experiencia durante el viaje, en el proceso de escritura, reflexión, estudio y creación. Se trata de las herramientas, las habilidades y, sobre todo, las metahabilidades.11, que he aprendido y desarrollado a lo largo del camino. Me ayudan a viajar más ligera, con más delicadeza y con más amor hacia mí misma. Porque, ante todo, lo más preciado que llevaré en la maleta y en este viaje seré yo misma, y esta es la oportunidad de darme el cuidado que necesito y, a partir de ahí, generar una transformación.
A esto se suma el reto de intentar que este camino parta del placer y no se dirija hacia él; o de intentar descubrir cómo estar en él, o abrirme a él. Sin presionarme, sino dándole espacio para ser, más allá de los límites, los sistemas de creencias y los miedos.
Y antes de emprender este viaje, quiero reconocer que lo inicio con mucho miedo. Siento que me estoy poniendo en peligro y, aún así, sigo sin saber, a día de hoy, cómo voy a plasmar en palabras lo que siento en lo más profundo de mi ser. Pero sí siento que estoy haciendo un pacto con el lector, en el que me gustaría que ambos nos expusiéramos al riesgo. Estoy dispuesta a correr el riesgo y voy a hablar de mi historia, de mi pasado, de mi vulnerabilidad como ser humano, como alguien que siente y, sobre todo, como mujer. Una mujer que abre su interior para hablar de su dolor, su frustración, sus luchas, los abismos de tristeza y depresión, los traumas y los abusos, y todo aquello que ha dejado huella. Pero no solo eso, sino también un interior que habla de esperanza, de luz y de muchos, muchísimos sueños que quieren hacerse realidad. Y debido a la intimidad de todo esto, en este texto intento establecer un compromiso, una relación entre lo que escribo y quien lo lea; el mero hecho de pensar que así es me ofrece una visión menos llena de juicios y más llena de comprensión y compasión hacia mí misma, una voz por un mundo mejor.
Como dijo Brigitte Vassallo en una conferencia: “Escribo para que mis cicatrices dejen de ser solo mías” (Barcelona, 2018)
Dado que la escritura surge de mi intimidad, una premisa importante va a ser el respeto y la fidelidad a quien soy. Esto me lleva a que no pretendo escribir de una forma especialmente formal, racional o intelectual, sino explorar y divertirme en el proceso creativo. Va a ser un proceso de aprendizaje, de conocer mis dificultades y capacidades, al tiempo que intento no quedarme estancada, encasillarme ni identificarme en exceso con un esquema rígido de quién soy, que podría llegar a oprimirme.
Teniendo en cuenta la importancia del método, centrándome en el proceso y no en el resultado final, una habilidad importante que debo desarrollar será compasión. La compasión hacia mí misma como escritora. Amy Mindell se refiere a esta metahabilidad “como una cualidad presente en muchas tradiciones espirituales. Es una capacidad de empatía especial que permite comprender y sentir el mundo del cliente” (Amy Mindell, 1995: 66); y, en este caso, esta cualidad será especialmente aplicable a la forma en que me observo y me trato a mí misma. Ella define esta cualidad como “nutrir, cuidar y atender aquellas partes de nosotros mismos que nos gustan y con las que nos identificamos, al tiempo que prestamos la misma atención y apreciamos aquellas partes que no nos gustan […] Además, la compasión implica ayudar a todas estas partes a desplegarse y revelar su naturaleza y significado esenciales” (Amy Mindell, 1995: 69)
Desarrollar esta cualidad ha sido fundamental para mí a la hora de poder afrontar cuestiones complejas de mi pasado, de aceptar las dificultades con cariño y menos juicios y, sobre todo, de no dejarme abrumar por mis críticas internas.12 y poder marcarles límites.
Respetar todas nuestras voces interiores es una actitud profundamente democrática hacia nosotros mismos, también conocida en el trabajo con grupos como Democracia profunda13. Este fue un paso muy necesario para ir más allá de mi identidad principal y evitar dejarme llevar por las fuerzas tiránicas, que a menudo tienden a dominarme y oprimirme. En mi trabajo personal, la democracia profunda ha significado intentar aceptar, valorar y otorgar un poder equilibrado a todas mis voces internas, emociones diversas, pensamientos y sentimientos contradictorios, movimientos sutiles, etc. Intentar descubrir el mensaje o la contribución importante que cada uno tiene que ofrecer. Aplicar la filosofía de la democracia profunda es una tarea difícil, porque siempre hay aspectos de mí mismo o de los demás que preferiría simplemente cambiar o de los que me gustaría deshacerme. Sin embargo, es importante y necesario integrar y explorar las diferentes partes que surgirán como partes de un todo; tratando de desarrollar un anciano interior14 o un facilitador capaz de acoger y respetar al mismo tiempo la diversidad de perspectivas para dar la bienvenida a lo que va surgiendo, sin juzgar.
Esta figura de facilitadora tendrá que actuar a menudo como mediadora y facilitar el diálogo entre las partes. Resultará muy útil que disponga de su propio espacio para poder apreciar las diferentes voces y acompañar el proceso en su totalidad, desde una perspectiva más distanciada y menos implicada, menos inmersa en el drama de la vida.
Una importante aportación del «Processwork» es esta apertura a aceptar experiencias rechazadas y más bien secundarias15, “los elementos numinosos e inexplicables de la vida que constituyen las semillas potenciales de una nueva vida y de la creatividad” (Amy Mindell, 1995: 57), que pueden ofrecernos una experiencia más completa de la realidad.
El “mente de principiante” es otra meta-habilidad importante para acoger lo que pueda surgir a lo largo del camino. Se trata de una actitud zen: “una mente —o quizás un corazón— abierta e imparcial […] que nos permite apreciar y percibir acontecimientos aparentemente insignificantes” (Amy Mindell: 82). Me permite tener una mirada más libre e imparcial, menos apegada y más espontánea, de modo que yo
puede explorar el proceso secundario16 sin aferrarme a lo que ya
marcas consolidadas. Esta habilidad me resulta útil, junto con curiosidad, con el fin de descubrir nuevos aspectos o nuevas formas de enfocar los hechos y los sentimientos, y permitiéndome explorar cada experiencia como algo único.
Antes de empezar a escribir, tenía muy claro que debía incluir el arte y la creatividad para desarrollar este proceso, porque es a partir de ahí donde a menudo he sentido que mi vida se sanaba, volviéndose más bella y plena. Y siento que esto tiene mucho que ver con mi experiencia del placer y con darme permiso para dedicar mi tiempo a crear y disfrutar del arte, algo que supone un gran reto para mis detractores.
En mente creativa “te permite unirte a lo que estás viviendo, convertirte en ello y crear realmente con ello. Ya no eres un observador pasivo, sino una fuerza viva y creativa en la propia naturaleza” (Amy Mindell: 135). Es en estos momentos de creatividad donde me siento libre con la energía del juego y el desapego, como si fuera un niño inocente sin prejuicios. Son momentos en los que florecen la libertad y la ilusión por la vida, y en los que surge algo nuevo más allá de mi identidad habitual y de mi conciencia, a modo de puente hacia otros mundos. A veces son instantes que me conectan con la esencia misma, con algo más allá de lo explicable.
Y con todos estos elementos, tan importantes para el cuidado del proceso, aprovechando la magia de la alquimia, los pongo en una olla para cocinarlos, con la esperanza de que salga algo parecido al oro o algo similar en su esencia.
Y antes de cerrar la maleta, No me olvido de invitar a mi crítico a acompañarme en mi viaje. Pero esta vez lo invito como un gran aliado, para que me ayude a identificar detalles y cuestiones que, sin él, podrían pasar desapercibidos. Pero, sobre todo, lo hago negociando el espacio que ocupa y redefiniendo cuidadosamente la naturaleza de mi relación con esas voces más críticas.
d) Donde todo comienza
“La muerte guía mi camino”
Hace más de un año, tras décadas de profundo sufrimiento, años de lucha constante contra mi tendencia a la depresión y tras una búsqueda intensiva para intentar comprender mi existencia, me repetí a mí mismo por enésima vez: tengo que cambiar mi vida. Pero Esta vez no se trata de “cambiar mi vida”, sino de cambiar la forma en que la veo y la siento.
En varios momentos de mi vida, la muerte llamó a mi puerta; o mejor dicho, fui yo quien llamó a su puerta, para intentar encontrar una salida a la angustia que estaba viviendo. Necesitaba estar al borde de la vida para poder amarla, valorarla y desear vivirla. Necesitaba un último golpe contundente para tomar la decisión de elegir estar del lado de la vida, de la luz, del «sí», de la abundancia… lo que ahora podría llamar el lado del placer.
Todo comenzó hacia el final de mis estudios, cuando tuve que elegir el tema de mi tesis. La sexualidad, el placer y la libertad de las mujeres eran temas que me habían fascinado durante años. Eran temas que solían estar presentes en mis conversaciones y preocupaciones, e incluso marcaron parte de mis grandes luchas personales. En ese momento, se produjo una fuerte ruptura emocional y, ese mismo día, mi cuerpo se vino abajo. Eso trajo consigo una serie de circunstancias difíciles que me llevaron, una vez más, a una profunda depresión, pero esta vez también a la voluntad de despejar el camino que tenía por delante.
Debido a un grave accidente, tuve que someterme a una operación. Ser operada bajo anestesia marca un antes y un después en mi historia. Puede resultar difícil entender a qué se debe el miedo a entrar en quirófano para una intervención tan sencilla como esta. Pero para las personas que llevan en su cuerpo un historial de abusos, entregar el cuerpo para que te operen bajo anestesia y sin control sobre él mismo puede resultar aterrador. Fue un momento importante de rendición, en el que solo podía confiar en que mi cuerpo fuera tratado con respeto. Fue un punto de inflexión importante: solo podía esperar y confiar en que mi cuerpo fuera tratado con respeto. Esta vez, alguien distinto de mí tendría que estar muy atento, y yo acabaría desempeñando otro papel, menos familiar, que era el de la confianza y la rendición… Tras la operación, tuve que pasar semanas en una silla de ruedas y, por primera vez en mi vida, experimenté la quietud y la inmovilidad física, lo que me permitió ver con claridad mi naturaleza innata de estar en movimiento. Tuve muchos días para pensar y reflexionar, y me di cuenta de que una cosa era segura: El día que volviera a caminar, tendría que recorrer un nuevo camino, explorar nuevos caminos. No iba a seguir deambulando una y otra vez por los caminos familiares de la depresión y los lugares oscuros. Era hora de dejar atrás mi papel de víctima, hora de adoptar la actitud de superviviente, para redefinirme a mí misma y creer que podía deshacerme de mi antigua identidad, una que ya no me servía de nada. Visto como un proceso, esto reunía elementos contradictorios: una parte que se daba cuenta de que no podía controlar las cosas y otra parte que avanzaba y se empoderaba para recorrer un camino diferente. Me di cuenta de que esto tiene mucho que ver con interiorizar la experiencia ¡de estar inmóvil!
Fueron unos meses difíciles, pero ya había tomado una decisión: era hora de emprender un nuevo camino.
Durante ese tiempo empecé a darme cuenta de que había pasado muchos años en un lugar donde mi vida estaba envuelta en la oscuridad y de que el placer había estado ausente en ella. Así que elegí la palabra placer como tema de investigación, y me aventuré a descubrir cómo era experimentar el placer, nombrarlo, sentirlo e incluso permitirme disfrutarlo. Y así comenzó mi nueva etapa.
Poco después de comenzar esta aventura, tuve la oportunidad de ir a Indonesia y emprender un viaje que denomino mi “viaje del placer”. Convertí este viaje en un reto personal, porque mi sistema de creencias intentaba boicotear la aventura y menospreciar la idea de viajar con el único objetivo de buscar el placer. A pesar de las luchas internas que me planteaba este reto, y sin saber muy bien si sería capaz de aguantar ese tipo de viaje, cogí mi mochila y me puse en marcha para aprender a disfrutar simplemente del momento. Y así lo hice durante días, enfrentándome a mis críticas y sin encontrar plena satisfacción, pero sin dejarme llevar por el sufrimiento. Fue una búsqueda compleja que me provocó muchos sentimientos incómodos, pero los afronté sin sufrir. Nada me parecía demasiado increíble y me sentía un poco paralizada por dentro, pero simplemente me dejé llevar y no me exigí demasiado.
Y, de repente, llegó un día en el que mi vida dio un giro radical…
Era un día precioso y soleado. Un nuevo amigo y yo estábamos recorriendo una pequeña isla y los habitantes nos dedicaban sonrisas radiantes y amables cuando nuestras miradas se cruzaban. Era fascinante lo que la gente del lugar despertaba en mí; me sentía llena de gratitud. Y, entre sonrisa y sonrisa, empezó a caer la noche sobre aquella diminuta y mágica isla; a raíz de esa experiencia, escribí esta carta:
Escrito durante el viaje de vuelta:
Cómo cambian los hechos cuando se expresan en primera persona o en tercera persona… Ayer viví lo que sería el día más angustioso de mi vida hasta ahora. Y he pasado por momentos de pánico terrible a lo largo de mi vida. Pero ayer, la impotencia y la rendición alcanzaron su máxima expresión.
Cayía la noche. Elena y yo íbamos a salir a comer algo después de un día largo y maravilloso. Nuestras expectativas eran sencillas: dejarnos envolver por la energía del lugar y de sus habitantes, y empaparnos de ella. Hay cosas sencillas que, sin duda, hacen la vida más bonita, y en esta ocasión fueron esas personas.
Estábamos hablando con las mujeres en cuya casa nos alojábamos. Empecé a impacientarme porque quería irme a cenar. Pero Elena alargaba la conversación. Mirando atrás, ahora comprendo que nada es una coincidencia y cuál fue el significado de esa sucesión de acontecimientos.
De repente, las mujeres empezaron a tener un aspecto muy extraño, moviéndose sin control por el espacio mientras se agarraban unas a otras. Gritaban y sus rostros reflejaban pánico. Pronto comprendí lo que estaba pasando. Un terremoto empezaba a sacudir la tierra que pisábamos. Nunca antes había imaginado pasar por lo que pasamos aquella noche. Parecía como si la tierra se estuviera sacudiendo para despertarla de una pesadilla. Una pesadilla extremadamente angustiosa que duró horas.
No entendíamos el idioma de los lugareños, pero sí entendíamos el lenguaje de la Tierra. Poco después de todas esas sacudidas, todo quedó en calma y, aparentemente, todo volvió a la normalidad. Una normalidad que me inquietaba profundamente, como si nada hubiera pasado. Pero la pesadilla acababa de empezar.
Intentamos seguir con esta aparente vuelta a la normalidad y continuar con el plan de salir a cenar, pero al cabo de un rato, la inquietud que sentíamos nos hizo volver a casa con el estómago vacío. Y en cuanto entramos en casa, cundió el pánico más absoluto. Una réplica, seguida de gritos desgarradores, sirenas, gente corriendo por todas partes, luces azules de emergencia… La única palabra que entendimos fue «tsunami».
Aterrorizada, me subí a la parte trasera de la moto de una mujer que me gritaba que teníamos que huir. En la carretera, la gente corría desesperadamente en busca de terreno más elevado, en una isla que apenas lo tenía. La palabra “humanidad” cobraba sentido. Esa mujer podría habernos dejado allí, pero no lo hizo. Recuerdo sus palabras mientras rezaba a “Alá” y me decía que lamentaba mucho que estuviéramos pasando por aquello. La abracé con fuerza por la cintura y, entre lágrimas, no dejaba de repetir: «Gracias, gracias por ayudarme».
Mi cuerpo, aterrorizado, temblaba, y siguió temblando durante las largas horas de espera. Estuvimos en la carretera durante horas, intercambiando miradas con los lugareños, que derramaban lágrimas de despedida, temiendo que lo peor estuviera por llegar. En mi cabeza se repetían todas esas impactantes imágenes de lugares lejanos que habíamos visto años atrás en las noticias, sobre un tsunami que se había cobrado la vida de miles de personas. Pero ahora aquello que antes me resultaba lejano ya no lo era, sino algo que estaba viviendo en carne propia.
Fue la espera más larga de mi vida. Todas y cada una de las personas importantes de mi vida pasaron por mi mente para despedirme mentalmente de ellas. Como llevaba el móvil conmigo, le escribí un mensaje a mi hermano: una de esas conversaciones que se tienen antes de que alguien se vaya para siempre. Y más tarde hice lo mismo con mis padres. Fue un momento realmente duro, uno en el que se establece una conexión con otro lugar, un lugar donde el dolor más profundo ya no existe. Ambos sabíamos que aquella podría ser la última vez que oiríamos nuestras voces. Sorprendentemente, había una calma extrema que nunca habría imaginado experimentar en una situación así. En un lugar como este, no hay espacio para la lucha, es una especie de resolución. Hay instantes en los que se toca lo que se llama la esencia.17, donde solo queda un lugar para el amor, y todo el sistema vuelve a ponerse en orden.
Durante las largas horas de espera de aquella noche oscura, el terremoto se apoderó de mi cuerpo, que temblaba igual que cuando me asalta un ataque epiléptico. Pero mi conciencia estaba más lúcida que nunca. Hubo un instante, sentado al borde de la carretera donde esperábamos lo que tenía que suceder, en el que mi cuerpo se quedó de repente inmóvil, rindiéndose. Recuerdo vagamente esa sensación. De repente, me encontré hablando con alguien o algo más allá, quizá la Tierra, quizá Dios… Nunca supe qué era. Le pedí una segunda oportunidad. Declaré que había vivido durante mucho tiempo en la oscuridad, sin placer, deprimida, y que ahora estaba intentando conectar con la belleza, aprender a apreciarla y a ver la luz de la vida. Prometí que, si sobrevivía, viviría con alegría y perseguiría mis sueños sin más excusas. Fueron momentos de paz absoluta en los que, tras mi promesa, me entregué a lo que fuera que sucediera, dejando que la naturaleza decidiera por mí.
Me había ido de viaje de placer, con el único objetivo de aprender a vivir de una forma más ligada al placer. Ser capaz de vivir el placer es una tarea que para muchos puede parecer fácil, pero para mí supuso todo un descubrimiento y un reto nuevos. Y, curiosamente, de ese placer surgió la peor pesadilla que podría haber vivido: sentir que, esta vez, no sería yo quien decidiera vivir o morir, sino que la naturaleza decidiría por mí.
Y antes de continuar, tengo que decir que, aunque aquí estoy contando mi propia experiencia, muchas otras personas no sobrevivieron al terremoto.
A partir de esa experiencia y de la promesa que hice, saqué mucha fuerza para elegir la vida frente a la muerte, para comprometerme con mayor firmeza a romper con ciertas tendencias. Hoy, algún tiempo después, a pesar de haber vivido el terror y la agonía de aquellas largas horas de espera, estoy profundamente agradecido por lo que la naturaleza me enseñó. Aquella noche, la muerte vino a mí para conectarme con la vida, y no era la primera vez que recibía su visita, pero esta vez, cuando apareció, la opción de elegirla estaba fuera de lugar, una decisión que no se puede tomar ni siquiera en la mayor de las agonías. Ahora, con el paso del tiempo, puedo ver cómo durante aquella noche de angustia extrema, aunque parezca paradójico, hubo una pequeña sensación de alivio, la sensación de que lo único que podía hacer era esperar, de que todo estaba fuera de mi control, de que ya no había lucha. En ese momento, mi identidad como guerrera y luchadora quedó anulada. Sí, fue una sensación de alivio, anhelada muchas veces a lo largo de mi historia, en la que la muerte se imaginaba como el camino hacia la rendición, hacia el abandono de la lucha, como un descanso de tanto sufrimiento… Pero aquella noche, en el momento en que más deseaba vivir, hubo una sensación de libertad, de desapego, de ponerme en manos de la vida. ¿Quizás eso tuviera algo que ver con el placer?
Aprovechar esta experiencia en la que la muerte se presenta como una guía de vida a través de las sincronicidades18:
Las enseñanzas ancestrales y chamánicas hablan de adquirir sabiduría a partir de las sincronías, es decir, de escuchar el entorno. Al tomarte en serio los acontecimientos externos inusuales y creer incluso en tus propias mentiras, te acercas a tus mitos personales. Si no lo haces, la propia muerte tendrá que trastocar tu idea de quién eres y obligarte, por así decirlo, a punta de pistola, a rendirte y a seguir el curso natural de los acontecimientos.
Mindell, 2017: 14
Esta experiencia me llevó a titular este artículo “La peregrinación hacia el placer”, cuyo tema central es el placer en la vida.
3. En el camino hacia el placer
a) Breve recorrido histórico
El placer puede ser un concepto teórico abstracto y difuso, ya que tiene que ver con la subjetividad de cada persona, pues se basa en los sentidos y la experiencia de cada individuo. Pero cuando hablamos de placer, sí que tenemos una imagen social, una idea o experiencia determinada de lo que es el placer. En este capítulo intentaré hablar de en qué podríamos ponernos de acuerdo sobre qué es el placer. Y empezaré por la definición de Wikipedia, que afirma que el placer está relacionado con la satisfacción de una necesidad.
Placer Se puede definir como una sensación o sentimiento positivo, agradable o eufórico, que en su forma natural se manifiesta cuando un individuo consciente satisface plenamente alguna necesidad: beber, en caso de sed; comer, en caso de hambre; descansar (dormir), en caso de fatiga; el sexo, para satisfacer la libido; diversión (entretenimiento), en caso de aburrimiento; y conocimientos (científicos o no científicos) o cultura (diferentes tipos de arte), en caso de ignorancia, curiosidad y necesidad de desarrollar capacidades. La naturaleza suele asociar la sensación de placer con algún beneficio para la especie, y la filosofía la clasifica entre los posibles tipos de felicidad.
https:// es.wikipedia.org/wiki/Placer , 07.05.2019
Si nos fijamos en la etimología de la palabra, según el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra “placer” proviene del latín placer (complacer o dar placer). 2. m. Alegría o disfrute físico o espiritual que se deriva de hacer o percibir algo que gusta o se considera bueno.
Para hablar del placer, necesito viajar en el tiempo, ya que este concepto se ha interpretado de diversas maneras según los distintos contextos socioculturales y en las diferentes épocas. Teniendo en cuenta que no se trata de un proyecto de investigación cuantitativo objetivo, sino más bien de un proyecto heurístico, me permitiré dar algunos saltos en la historia. Esbozaré cómo podrían haberlo definido los distintos autores que se han ocupado de este concepto.
Para iniciar esta visión panorámica, me interesa partir de la cultura griega, ya que es una cultura que ha ejercido una gran influencia en el pensamiento occidental y que se desarrolló en torno al placer.
La mitología griega está repleta de dioses y diosas, semidioses, héroes y heroínas, todos ellos impulsados por numerosas relaciones sexuales e infidelidades. La sociedad imitaba estos modelos y referencias. El comportamiento de estos personajes mitológicos se inspiraba en el placer, lo que generó una aceptación social del mismo. Pero es importante no olvidar que esta experiencia o concepción del placer se daba en las clases altas, por lo que era un privilegio que solo correspondía a unos pocos.
En la obra de Platón y los sofistas, el placer ocupa un lugar fundamental. Presentan el placer como algo éticamente bueno; defienden que se cultive, se proteja e incluso se normalice.
En la cultura griega, tras los sofistas vinieron Epicuro y los hedonistas. Los epicúreos tenían como objetivo alcanzar la ausencia de dolor, para lo cual el individuo debía renunciar a todo aquello que causara dolor y sufrimiento. Para los epicúreos, la clave de la plenitud residía en la gestión inteligente del placer y el dolor, cultivando la ataraxia (la ausencia de perturbaciones del alma), al tiempo que eran conscientes de que el exceso de placer podía conducir al dolor.
La palabra “hedonismo” se forma a partir de la raíz hedoné que significa “placer” y el sufijo -ismo que expresa la “doctrina”. Por lo tanto, “El hedonismo es una doctrina filosófica que considera el placer como el bien supremo de la vida humana”.” (Wikipedia) Pero, al mismo tiempo, es necesario controlar el principio del placer para desarrollar una mente no neurótica.
Hasta mediados del siglo XX, los filósofos debatían sobre la naturaleza del placer centrándose en el hedonismo. (Enciclopedia de Filosofía de Oxford, 1995: 834).
No podemos ignorar cómo estas corrientes filosóficas se vieron condicionadas por el auge del cristianismo. Esto evoca a un Dios omnipresente, que lo observa todo, genera culpa e introduce el concepto de pecado, de lo prohibido y del castigo. Inicialmente, el cristianismo se basaba en la filosofía griega y valoraba el espíritu por encima del cuerpo. Y no fue hasta más tarde cuando la visión cristiana de la sexualidad se reformó radicalmente: con la tentación de Adán en el paraíso, al “aceptar la propuesta de Eva”, el deseo sexual se asocia por primera vez con los orígenes del pecado. Ese es el momento en el que la sexualidad humana se concibe con el único fin de la procreación y dentro del matrimonio. Esta asociación entre el sexo y el pecado ha regido la doctrina sexual cristiana durante más de mil años, y aún hoy vivimos bajo estos mandatos que conforman el inconsciente colectivo y social. Parafraseado de (https:// www.nuevatribuna.es/articulo/historia/sexualidad-mundo-cristiano/ 20170918123834143458.html)
Permítanme ahora dar un salto en el tiempo. Con el humanismo y la llegada de la modernidad, la ciencia cobró gran importancia, y el concepto de placer quedó condicionado, tal y como señalaron Schopenhauer, Marx, Freud y todos los llamados filósofos de “La escuela de la sospecha” por ejemplo, con la aparición del capitalismo y las sociedades liberales. A estos filósofos se les califica así por su cuestionamiento de los fundamentos de la filosofía occidental y, en especial, del papel de la razón. Para Freud, la razón es solo una parte de la mente, y es muy pequeña en comparación con el inconsciente. Formuló la idea del “principio del placer” en oposición al “principio del dolor”, sugiriendo que, desde que nacemos, los seres humanos tienden a buscar instintivamente el placer.
El principio del placer es uno de los dos principios que, según Freud, rigen el funcionamiento mental: toda la actividad psíquica tiene como objetivo evitar el malestar y buscar el placer. Dado que el malestar está vinculado al aumento de las cantidades de excitación, y el placer a su disminución, el principio del placer constituye un principio económico.
Wikipedia, 12 de septiembre de 2019
Desde el punto de vista de Jung, esta energía psíquica sería también el punto de partida que permite a las personas buscar el placer y reducir los conflictos en diversas circunstancias.
Y parece que todas estas visiones filosóficas y psicológicas del placer no son meras suposiciones, sino que también existe una explicación científica al respecto, que demuestra que el cerebro está diseñado para buscar el placer. Normalmente, hacer algo agradable hace que las neuronas liberen la sustancia química llamada dopamina. Esta liberación provoca una sensación de bienestar y despierta el deseo de repetir una acción una y otra vez.
Con la aparición de las sociedades liberales y posmodernas, el placer se convirtió en algo más efímero, vinculado al deseo de consumo y al capitalismo, no solo económico, sino también cultural, en el que cada persona es una pequeña empresa en la que invertir para poder estar constantemente al día, informado, en forma… Ser feliz parece una especie de obligación, y los valores predominantes pasan a ser el éxito, el reconocimiento social y el bienestar constante… Por otro lado, la tristeza, la angustia, la vulnerabilidad, el dolor y el descontento se rechazan y se dejan de lado, se invisibilizan e incluso se consideran parte de una enfermedad. Ser feliz parece justificar cualquier esfuerzo y, a la inversa, genera una carga de miedo y culpa si uno se siente triste. Parece que algunos estados de ánimo son más aceptables socialmente que otros, lo que determina ciertas actitudes y comportamientos. Como podemos ver ahora mismo en las redes sociales, este estilo de vida nos convierte en esclavos de esta supuesta felicidad.
A la luz de toda esta información procedente de la historia y la ciencia, podríamos afirmar que el placer es algo que hay que perseguir para alcanzar el éxito. Sin embargo, al mismo tiempo hay que controlarlo, ya que parece potencialmente peligroso.
Me parece interesante cómo ha ido cambiando la idea del placer a lo largo de la historia y cómo se ha ido transformando constantemente hasta nuestros días. Podríamos decir que el placer debe contextualizarse, en la medida en que siempre se sitúa en un contexto socioeconómico e histórico. Por lo tanto, hablaré y reflexionaré sobre el placer basándome en mi propio contexto cultural, mi entorno, mis experiencias, mi vida y mi pasado.
Me resulta difícil dar con una definición clara o concreta de “placer”, una con la que me sintiera cómoda. Sin embargo, investigar sobre el tema y tener una breve visión histórica de la evolución del concepto me ha abierto las puertas a nuevas formas de pensar y a diferentes puntos de vista. Me doy cuenta de que hablar del placer es como hablar de cómo funcionamos a nivel social en relación con nuestras libertades, gestionando nuestras necesidades, conectando con nuestra propia esencia y con nuestros cuerpos… Y el contexto histórico también me recuerda la miríada de cuestiones que abarca el término «placer».
b) Salud y placer: roles y fuerzas en el marco capitalista
Nuestro sistema social dominante intenta ocultar el dolor y el conflicto […] El mundo democrático es adicto a la paz y la armonía; la mayoría de la gente se vale de su posición social19 y privilegios para evitar conflictos. Los medios de comunicación se centran en las personas con conflictos de intereses, pero el sistema impide que grandes grupos de personas se unan para trabajar en sus problemas comunes.
Mindell, 1995: 193
Como dice Mindell, como sociedad evitamos cualquier tipo de perturbación, ya sean conflictos en las relaciones o cualquier cosa que pueda resultar molesta para el cuerpo y nos aleje del bienestar.
Si analizamos esta invitación a marginar el dolor y a evitar todo aquello que no conduzca al bienestar —objetivo de algunos filósofos, como los epicúreos—, podemos observar un claro legado en la gestión y la prevención del dolor y la enfermedad. Si los síntomas son señales de alarma que envía el cuerpo, el patrón social mayoritario consiste en enmascarar dichos síntomas para que la molestia desaparezca. No hay interés alguno en el mensaje que puedan transmitir al cuerpo ni en esos síntomas; el objetivo principal es alejarse de todo aquello que genere malestar o inquietud a nivel físico o mental. Esta promoción de la ausencia de sufrimiento nos lleva a medicarnos en exceso para enmascarar los síntomas, y a ello se suma la necesidad de patologizar todo lo que pueda salirse de lo estrictamente normativo, con una fijación en la dualidad entre salud y enfermedad.
En el libro “Salud en la enfermedad – Enfermedad en la salud” (2014), Pierre Morin ofrece un antídoto contra esta sociedad hipermedicada y patológica. Nos propone una nueva perspectiva sobre el concepto clásico de salud: una visión más amplia, menos sesgada y menos opresiva de nuestra experiencia. Morin explica cómo nuestra visión de la salud ha mermado nuestro bienestar general al separar la experiencia y la enfermedad del contexto de la vida relacional de cada persona; al marginar y desempoderar a quienes son diferentes o no pueden curarse; y, sobre todo, al alejarnos del significado de los síntomas y de la enorme sabiduría que aportan al proceso de desarrollo de la persona.
Los síntomas físicos no son necesariamente patológicos; es decir, no son simplemente una enfermedad que haya que reprimir, curar o de la que haya que recuperarse. Los síntomas son estados potencialmente significativos y con sentido.
Mindell, 2006: 11
Morin distingue dos formas de enfocar la salud: la que ya conocemos y que él define como “salud pequeña”, centrada en los desequilibrios de los aspectos mecánicos (presión arterial, colesterol, niveles de azúcar…), entendiendo el cuerpo como una máquina que a veces se estropea; y la “gran salud”, un término acuñado por el filósofo Nietzsche, que ofrece una nueva perspectiva en la que se incluye la “pequeña salud”, pero a la que se añade otra dimensión de significado y propósito. Nos cuenta cómo sueña el cuerpo y cómo, al escuchar y seguir sus señales, este revela verdades profundas sobre lo que significa ser humano y lo que significa estar bien. (https:// www.youtube.com/watch?v=2FD5_qFRcpY)
La visión que tiene nuestra cultura dominante sobre la salud excluye a muchas personas al considerar que no gozan de buena salud. Cuando marginamos ciertos aspectos de la salud, ponemos a las personas en una situación de menosprecio, reducimos su bienestar y aumentamos su estrés y, sobre todo, dejamos de aprovechar el gran potencial, la fortaleza y el poder que tenemos como comunidad al obligarnos a ajustarnos a la norma.
El “Processwork” habla de la «medicina del arcoíris». Se trata de un paradigma que tiene en cuenta las etiquetas, ya que estas nos proporcionan información sobre lo que realmente está ocurriendo. Pero se concede la misma importancia a la experiencia subjetiva de la persona y a sus síntomas, ya que se entiende que existe una energía que quiere expresarse a través del cuerpo. Al validar la experiencia y permitir que se exprese, los síntomas pueden aliviarse o no, pero, en cualquier caso, se convierte en un canal20 de información y concienciación. Desde esta perspectiva, los síntomas ponen de manifiesto una energía que no desaparece por mucho que la tratemos con medicamentos. Esta energía tiene un mensaje importante que transmitirnos. Si no puede manifestarse a través del cuerpo, buscará otros canales. Se trata de una visión teleológica, en la que nos interesa el “para qué”: el mensaje oculto en lo que nos sucede.
La medicina del arcoíris abarca tanto el tiempo y el espacio reales de la realidad física como los niveles oníricos de la realidad psicológica del cuerpo. Incluye componentes de la medicina clásica, como la anatomía, el diagnóstico, la medicación, la cirugía, la biofísica, etc., así como procedimientos médicos alternativos que implican la experiencia subjetiva, los patrones oníricos y todos los niveles de
Morin y Reiss, 2010: 24
conciencia21
En el «Processwork» no necesitamos pruebas objetivas para validar las experiencias; por el contrario, nos interesa la subjetividad de la experiencia. Y entendemos que el cuerpo no es algo mecánico, sino un instrumento que cambia de tono por sí mismo y que solo puede entenderse en el marco de un proceso.
b.1) La depresión y el estrés: enemigos del placer
Es importante señalar que el placer tiene un efecto cuantificable en la salud humana, ya que es una de las formas de combatir el estrés y la depresión, dos de los males de la sociedad capitalista.
Para hablar del placer, me parece importante abordar el tema de la depresión y la salud en la sociedad actual en la que vivimos. Si nos remontamos a la raíz etimológica del concepto de depresión, veremos que proviene del término latino depresión lo que significa opresión, contracción o desánimo. (https://es.wikipedia.org/wiki/Depresión)
Cada época se caracteriza por determinadas enfermedades en función de su contexto sociopolítico. El filósofo Byung-Chul Han, en su libro sobre la sociedad del cansancio (2012), escribe que, mientras que en el pasado los discursos sobre la salud se centraban en cuestiones virales y bacterianas, en el siglo XXI es la salud mental la que ha pasado a ocupar un lugar central, con enfermedades como la depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, el trastorno límite de la personalidad o el síndrome de agotamiento laboral. Si en el pasado existía una distinción entre el interior y el exterior, donde las bacterias representaban al enemigo, ahora el enemigo vive dentro de nosotros. Nos estamos atacando a nosotros mismos, con nuestras exigencias poco realistas que, a veces, incluso nos llevan a explotarnos a nosotros mismos, partiendo de una falsa sensación de libertad. Y habla de un false sensación porque creemos que, dado que las exigencias o la coacción provienen del exterior, somos libres, pero en realidad no es así. Y, según Byung-Chul Han, estas enfermedades se deben a la libertad de acción y al exceso de estímulos. Él habla de la violencia o el exceso de Positividad, entendida como el exceso de comunicación, de sobreproducción, de trabajo, de ocio o de rendimiento sexual desmesurado… un exceso que hace que el individuo se desmorone ante tanta abundancia. Antes, la violencia provenía de lugares lejanos o extraños, y ahora proviene de las múltiples opciones y actividades que nos ofrece el sistema, lo que genera asfixia, saturación y agotamiento.
La depresión es la enfermedad de una sociedad que sufre por un exceso de positividad. Refleja ese tipo de humanidad que libra una guerra contra sí misma.
Han, 2012
Han habla de la depresión como una enfermedad representativa de la sociedad actual y de cómo está provocada por la ansiedad por el rendimiento (un proceso por el que me siento afectado en cierta medida al escribir este artículo y, a veces, en general en mi vida). Hoy en día existe un sistema de creencias que afirma que todo se puede conseguir con suficiente esfuerzo, lo que alimenta las exigencias que nos imponemos a nosotros mismos. Se trata de un sistema que genera víctimas y verdugos al mismo tiempo: nos esclavizamos en la búsqueda de la realización personal o de (los recursos para) el consumo, dejando de lado la reflexión y el aburrimiento.
El lamento del individuo depresivo, «Nada es posible», solo puede manifestarse en una sociedad que cree que «Nada es imposible».
Han, 2012: 31
Han afirma que “la depresión se desata en el momento en que el sujeto de la actuación ya no es capaz de hacer más” (2012: 31). Esto sugiere que la depresión podría surgir como un proceso secundario que se presenta como una vía de escape frente a una situación insostenible. Una situación en la que no somos capaces de poner límites a nuestras propias exigencias y a las del sistema, ya sea en nombre de la autorrealización o como consecuencia del sistema capitalista y la sociedad de consumo. Los estados depresivos suelen aparecer como consecuencia de una opresión prolongada, y podríamos decir que surgen como aliados con un mensaje para ayudarnos en nuestro proceso de plenitud.
Hoy en día, la depresión es un fenómeno muy extendido que puede afectar a cualquiera. Puede aparecer en momentos de transición de la vida, cuando se atraviesan cambios estructurales o emocionales provocados por determinados acontecimientos. Y, como sociedad, tendemos a reprimirla, marginarla y evitar abordarla porque nos inquieta. En Europa, la psiquiatría —y, por tanto, la salud mental— se rige actualmente por un manual de diagnóstico, el DSM-5, que clasifica los trastornos y las enfermedades mentales. A la gran mayoría de los seres humanos se nos podría diagnosticar, en algún momento de nuestra vida, alguna de las categorías diagnósticas del DSM. Vivimos en una sociedad que etiqueta y patologiza; define cómo deberíamos sentirnos, clasificándonos entre los polos de bueno-malo, normal-patológico y, por lo tanto, también entre los de placer-desplacer.
Esta visión categórica de la medicina alopática nos indica, de alguna manera, que existe un problema en el ámbito de la salud mental. Cuando se nos da un diagnóstico o una etiqueta, esto puede generar miedo, aunque en algunos casos también puede suponer un alivio. El problema es que, a menudo, la “solución” que se propone es química y no deja de ser una solución parcial a un problema más amplio. Una aportación importante del Processwork es la capacidad de trabajar en estas diferentes dimensiones.
El «Processwork» nos enseña que las depresiones son estados marginados internamente que forman parte del mito de nuestra vida. Son parte de nosotros y, si no las acogemos, se convierten en una cuestión de vida o muerte. Son como un sueño recurrente.
Desde el punto de vista clínico, existen diferentes niveles y tipos de depresión: se trata de categorías que pueden ayudarnos a comprender cada caso hasta cierto punto; sin embargo, lo interesante es poder desentrañar los síntomas, esa depresión subjetiva que cada uno de nosotros vive en primera persona.
El «Processwork» aborda estos estados de forma mesurada, aceptando que existen y que estamos lidiando con ellos, y también que se trata de procesos que deben desarrollarse de forma individual, pero también a nivel global.
Y esta presión sobre cómo deberíamos ser, esta exigencia excesiva hacia uno mismo, no solo provoca depresión, sino también estrés, lo que genera un estado de fatiga mental que a menudo da lugar a diversos trastornos físicos y mentales.
Vivimos en una paradoja y en una constante contradicción moral en relación con el placer, en la que el sistema capitalista actúa intentando que las personas busquen el placer y la felicidad a través del consumo. Este consumo genera un exceso de necesidades tanto materiales como figuradas. Al mismo tiempo, apenas tenemos tiempo para el placer y para disfrutar de esas necesidades, dentro de un sistema laboral y económico precario para gran parte de la población. Como vimos en la Antigua Grecia, aquí influyen cuestiones de Rango social22 en lo que respecta a la gestión del placer y, sobre todo, del tiempo libre. De alguna manera, me siento privilegiado por poder dedicar mi tiempo a explorar este tema, gracias a que tengo cubiertas mis necesidades básicas.
Creo que todos necesitamos aprender más sobre el placer. Me atrevería a decir que, en la actualidad, el placer en la vida cotidiana está “ausente”, “ha desaparecido” o “se gestiona mal” para una gran parte de la sociedad. Un ejemplo de ello es el gran número de personas que padecen adicciones, en las que tanto las sustancias como los comportamientos se utilizan como única forma de encontrar placer, de acceder a partes de nosotros mismos que nos son desconocidas o a las que no hemos aprendido a acceder sin la adicción.
Sin embargo, aunque «placer» es un término que parece estar en boca de muchos, sigue siendo un tema cultural muy delicado a día de hoy.
c) El placer y la conexión con la naturaleza son también nuestra dualidad interna
naturaleza
Cuando la gente considera que algunas cosas son bonitas,
otras cosas se tuercen.
Cuando la gente considera que algunas cosas son buenas,
otras cosas se tuercen.
El ser y el no ser se crean mutuamente.
Lo difícil y lo fácil se complementan mutuamente.
Lo largo y lo corto se definen mutuamente.
Lo alto y lo bajo dependen el uno del otro.
El «antes» y el «después» se suceden.
Por lo tanto, el Maestro
actúa sin hacer nada
y enseña sin decir nada.
Lao Tzu, *Tao Te Ching*, traducción de Stephen Mitchell
Permítanme hablar ahora de un autor que me ha inspirado en mis reflexiones sobre el placer, la salud y la forma en que gestionamos nuestra vida y nuestros recursos. En esta ocasión, el autor procede de una cultura oriental: Satish Kumar. Aporta una visión centrada en la importancia de la conexión con nosotros mismos, con nuestro ser y con la naturaleza. En su libro “Simplicidad elegante: el arte de vivir bien” (2018), habla de la plenitud, la satisfacción e incluso el placer, todo ello en relación con la naturaleza. Plantea cómo las sociedades nómadas, al empezar a establecerse en asentamientos, perdieron la conexión con la naturaleza. Esta situación se agravó con la llegada de la revolución industrial, cuando gran parte de la población dejó de tener tiempo para sí misma, sin dejar espacio para el desarrollo espiritual. Empezamos a sobreexplotar la naturaleza, la tierra y sus recursos. Se perdió nuestra conexión y nuestro equilibrio con el mundo natural, y la cantidad empezó a prevalecer sobre la calidad.
El mundo tiene suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no lo suficiente para la codicia de todos.23
Mahatma Gandhi
Para mí está claro que, si destruimos la naturaleza, nos estamos destruyendo a nosotros mismos, porque somos parte de la naturaleza. Satish nos recuerda que la palabra «humano» proviene del latín «humus», que significa «seres de la tierra». Todo lo que comemos se transforma y vuelve a integrarse en la tierra. Todo se inspira en la naturaleza y, a pesar de ello, nos hemos desconectado de ella, de los ciclos y del ritmo de los procesos. Y las exigencias excesivas que nos imponemos, la presión desmesurada por alcanzar el éxito, el ritmo acelerado de la tecnología y nuestra búsqueda de la perfección nos alejan de quienes somos realmente, de cómo nos sentimos, de lo que experimentamos y, en consecuencia, también nos alejan del placer.
Los tiempos del proceso no son los tiempos del mundo capitalista
Brigitte Vasallo24
Si nos fijamos en las dos grandes corrientes del pensamiento tradicional chino, el confucianismo y el taoísmo, ambas se basan en la confianza en el mundo natural y en la naturaleza humana.
Para el mundo oriental, la naturaleza es aquello que surge desde dentro; es un proceso que escapa por completo a nuestro control. La naturaleza es, por definición, aquello que funciona de forma espontánea, como la respiración o los latidos del corazón. Y la filosofía taoísta insiste en la importancia de confiar en lo que ocurre por sí solo.
Watts, 2010: 27
Estas corrientes nos invitan a seguir el curso de las cosas, confiando en que todo se resolverá por sí solo. Pero queremos controlar la naturaleza, dominarla, tanto en lo interno (cómo nos sentimos y vivimos) como en lo externo, explotándola para obtener un mejor rendimiento, pero olvidándonos de escucharla y conectar con su esencia.
El taoísmo, una filosofía ancestral que surgió en China hace más de 3.000 años, de la que se nutre el «Processwork». Ambos desarrollan la idea de percibir la naturaleza y conectar con ella, identificando y nombrando sus leyes a través del yin y el yang, y explorando la vida y sus polaridades representadas por este símbolo.
Del taoísmo hay dos aspectos que me parecen relevantes en relación con el placer: la cualidad de la fluidez y la visión dual.
El taoísmo se basa en el concepto del Tao: “el camino”. Este concepto se refiere a seguir el curso natural de las cosas, dejarse llevar por la corriente en lugar de luchar contra ella, y a la cualidad del “Wu Wei”.
<>. El primer principio taoísta consiste en no oponerse a las leyes y los ritmos del universo. Al adoptar una conducta sin esfuerzo, se alcanzará el Wu Wei. Este término significa literalmente “no acción” […] o también puede traducirse como «sin esfuerzo».”
Muñoz, 2001:17
Esta cualidad me recuerda la capacidad de escuchar las señales, de detenerme y observar en qué dirección se encuentra el camino de menor resistencia. Prestar atención a hacia dónde se dirige el curso natural del proceso y seguir la corriente; en lugar de forcejear y forzar las cosas para que vayan en una dirección determinada o de responder a expectativas concretas. A menudo me encuentro en esta lucha en mi búsqueda del placer: me cuesta conectar con el presente o simplemente estar en silencio.
El símbolo del Yin Yang representa dos polaridades y cómo fluyen de una a otra. La parte blanca empieza siendo pequeña y se va haciendo más grande, y ahí es donde surge la parte negra; este es el flujo del Tao. Una es más creativa (Yang) y, en la psicología orientada a los procesos, se relaciona con los aspectos secundarios; la otra es más receptiva (Yin) y se relaciona con el proceso primario. El Yin-Yang también muestra que, cuando una fuerza se expresa plenamente, la otra surgirá de forma natural y espontánea. Ambas partes son necesarias para el todo.
El Tao también puede entenderse aceptando que, en la realidad de los fenómenos, siempre existen polos complementarios […] En el mundo en el que vivimos, suele prevalecer un idealismo que intenta obtener el primer elemento (lo bueno, lo bello, …) y liberarse de lo complementario (lo feo, lo malo, …).
Muñoz, 2001: 19
Para los taoístas esto es impensable, ya que un elemento no puede existir sin el otro,
El concepto de polaridad se basa en el principio de que lo positivo y lo negativo, el norte y el sur, son aspectos diferentes de un mismo sistema, y la ausencia de uno de ellos supondría la desaparición de todo el sistema.
Muñoz, 2001:19
Sin descanso no hay movimiento; no hay día sin noche, ni oscuridad sin luz. Todos son necesarios a su manera. Esto me recuerda que aprender a vivir con placer no significa que el dolor, el malestar y la tristeza sean evitables. Al contrario, hay que ser consciente de que todo forma parte de un todo. Así es como comprendo mejor mi conexión con el placer. No se trata de tomar partido por una de las versiones, sino de vivir cada experiencia por sí misma y darse cuenta de que todas forman parte de algo más grande. Cuando definimos algo, o incluso cuando pensamos en ello, tendemos a compararlo con otras cosas, y la comparación conlleva división. De ese modo, no podemos ver el panorama completo. Y esto me lleva al concepto holístico, la idea de que los sistemas naturales y sus propiedades deben considerarse como un todo, y no como un conjunto disperso de partes.
Cuando empecé a explorar el concepto del placer, lo entendía como algo relacionado con la alegría, el deleite, la felicidad y la plenitud. Como algo completamente ajeno a cualquier cosa que pudiera perturbar esas cualidades. En la búsqueda del placer, quería liberarme de todo aquello que consideraba opuesto a él. Pongo el placer en un altar como si fuera un dios, algo que hay que alcanzar y conservar. Pero ahora me doy cuenta de que aferrarse a algo como el placer o el dolor es igual de absurdo: La naturaleza del mundo es procedimental; nada es estático más allá de los estados y las imágenes momentáneas, que conforman el proceso en sí mismo.
Libre de deseos, comprendes el misterio. Atrapado en los deseos, solo ves las manifestaciones
Tao Te Ching, capítulo 1, traducción de Stephen Mitchell
Quizá la búsqueda del placer no sea posible si me quedo atrapado en la propia búsqueda. Quizá no se trate de buscar nada, sino más bien de centrarse en uno mismo.
4. Mi visión del placer desde la perspectiva del «Processwork»
Si intento analizar el placer desde la perspectiva del “Processwork”, lo entiendo como «un espacio en el que proyectar y soñar». Desde esta perspectiva, Oímos hablar del placer, pero no sabemos qué es; podemos verlo como un proceso onírico. No tenemos un significado concreto para esta palabra, ya que es una experiencia subjetiva para cada persona. No tenemos un enfoque normativo en cuanto a lo que es saludable o insalubre, correcto o incorrecto, bueno o malo. Desde este paradigma, “nos guiamos por la experiencia en lugar de ajustarnos a cualquier norma determinada culturalmente” (Mindell, 2006, p. 6). Por lo tanto, no existe una idea preconcebida sobre cómo deberían ser nuestras experiencias de placer; lo único que podemos hacer es dejar que cada una de ellas se desarrolle. Somos interesado en desarrollar una experiencia sensorial subjetiva en lugar de patologizarla, ofreciendo un marco de experimentación y no de juicio, lo que facilita el desarrollo y el fluir del proceso.
Esta visión básica y no patológica, que hace hincapié en el autodescubrimiento y considera que las soluciones están inherentes a los problemas, es lo que inspira este trabajo. Convertir la mierda en abono, donde todo aquello que nos perturba y queremos descartar puede resultar útil y necesario, en lugar de deprimente y patológico. Por eso, parte de mi enfoque del placer parte de trabajar sobre los síntomas crónicos, las perturbaciones o los acontecimientos significativos de mi vida, en busca de respuestas o de aprendizaje en todo ello.
Desde la perspectiva del «Processwork», decimos que nos comunicamos y comprendemos la información y las señales a través de cuatro canales básicos: el propioceptivo, el visual, el cinestésico y el auditivo. Y dos canales complejos: el relacional y el del mundo. Algunos canales son más primarios para unas personas que para otras. El placer es una experiencia subjetiva: cada persona tiende a experimentarlo a través de canales diferentes. En mi caso, los canales a través de los cuales accedo más fácilmente al placer son el propioceptivo y cinestésico canales (mediante el movimiento).
Hablar del placer puede ser una experiencia “agradable”, pero también puede resultar difícil, ya que genera vergüenza e incluso se convierte en un tema tabú en muchos contextos o para muchas personas. Además, puede estar relacionado con experiencias dolorosas, e incluso con experiencias de abuso. En mi caso, debido a mis creencias, mi investigación sobre el placer no ha sido un proceso fácil de hacer público. A medida que fui compartiendo mis reflexiones sobre el placer y encontré una visión más democrática para hacerlo, me resultó más fácil compartir mis opiniones, a pesar de la tensión cultural que rodea a este tema.
Para ser profundamente democrático con un cliente, una relación, un grupo, una situación, una experiencia o, en este caso, conmigo mismo, es necesario desarrollar una conciencia de las múltiples dimensiones de la experiencia. Esta ha sido una de las claves de mi evolución a la hora de sentir o comprender el placer, ampliando mi conciencia a través de diferentes formas de atención: la primera atención (un consenso de la realidad), la segunda atención (el reino de los sueños) y la tercera atención (la esencia). Se trata de una idea del chamanismo que Castaneda relata en sus libros y que Mindell también adopta: la comprensión de que la vida se desarrolla en las tres dimensiones a la vez. Y Si la vida transcurre en estas tres dimensiones o en mundos paralelos al mismo tiempo, lo mismo ocurre con el placer.
Mi visión del placer ha cambiado a medida que avanzaba en este camino, y ha sido precisamente en relación con la incorporación de esta perspectiva multidimensional. Al principio, cuando empecé a trabajar en este tema, mi visión del placer era muy limitada y sesgada, ya que lo veía casi exclusivamente en relación con el consenso, sin relacionarlo realmente con otras dimensiones.
Si lo analizo desde diferentes perspectivas, la definición de placer que he aceptado hasta ahora encaja en el consenso social sobre la realidad. Se trataría de aquellas experiencias medibles, observables y visibles relacionadas con la satisfacción de necesidades como la comida, el sexo, la belleza, las relaciones…; el disfrute de todas estas acciones relacionadas con los sentidos.
Pero, más allá del mundo de los sueños, existe un nivel de realidad más subjetivo. Mi experiencia es diferente, y es diferente para cada uno de nosotros. El reto aquí es aceptar mi experiencia como válida, verdadera y auténtica, aunque no sea compartida por los demás. Es en esta dimensión donde aparecen las polaridades del placer, que pueden ser el disgusto, el asco, el sufrimiento… o como cada uno de nosotros las perciba. Aquí también aparecen los roles o las figuras oníricas propias de la cultura, la educación, la biografía, la historia, la familia y la religión, y cada una de ellas tiene su propia idea de lo que es el placer y de lo que es apropiado, aceptable o no. Se trata de figuras que influyen en el campo, como fuerzas invisibles que dan sentido a nuestra experiencia, estando unas u otras más o menos cerca de nuestra conciencia.
Por fin encontramos la realidad esencial o preemergente, y aquí el placer deja de estar polarizado, la lucha por ir más allá de las partes deja de existir y se produce un movimiento hacia la unión del todo. Es algo que va más allá de las palabras. Una sensación fugaz o una experiencia de conexión con algo más grande. Y es desde aquí, desde esta totalidad, desde donde puedo acoger o acercarme al placer, desprendiéndome de los sistemas de creencias, las voces críticas y las identidades, para simplemente sentir el momento presente.
Pasar de la realidad consensuada a otras dimensiones me ha proporcionado una sensación de alivio y de libertad, y me ha permitido ver con otros ojos lo que significa el placer: una visión más dulce, más propia de mí y, en parte, más conectada con mi verdad. Todo esto ha atenuado las voces críticas y los sistemas de creencias que me llevaron a emprender esta investigación; esos me habían estado repitiendo constantemente que <>. Y es desde la esencia, desde el amor y la compasión, desde donde he podido escuchar todas las partes y experiencias y ayudarles a unirse.
De este modo, ahora entiendo el placer desde diferentes dimensiones y desde un enfoque transracional, en el que los obstáculos se encuentran en la realidad consensuada o en el mundo de los sueños, y entran en conflicto con nuestra racionalidad, con los hechos, las voces, los sistemas de creencias e incluso con nuestras sensaciones corporales, sueños y visiones. Todas estas dimensiones son necesarias; ser conscientes de los distintos niveles significa que podemos ir y venir entre ellos. Lo importante es no quedarnos atascados en una de las dimensiones, sino ser capaces de movernos con fluidez entre ellas.
Ha sido un reto interesante y maravilloso adoptar este enfoque que va más allá de lo racional y lo conocido, dentro de una cultura (occidental) que da prioridad y valora lo consensuado. Al hacerlo, de alguna manera me he acercado más a mí misma, a la sensación de sentirme en casa, y he desarrollado una conexión más profunda conmigo misma.
5. Mi relación con el placer
Nunca habría imaginado que hoy mi trayectoria tomaría el camino del placer como un proceso que hay que vivir, explorar o descubrir. Nunca habría imaginado que dedicaría tantas horas de mi vida a investigarlo y a tomar conciencia de lo que me había sido desconocido durante tantos años. Todas estas cosas habían permanecido ocultas, pero de alguna manera siempre habían estado ahí, aunque estuvieran bajo mantas en un ático polvoriento.
Recuerdo haber dicho, cuando era niña, que nunca pensé que pudiera vivir plenamente, en lo que se llama “felicidad”, porque era un lugar tan desconocido que temía no ser capaz de mantenerme allí, en ese estado. Recuerdo una frase recurrente en mi entorno familiar: “Tienes que ser productiva en esta vida para llegar a ser alguien”. Y recuerdo algunas de mis propias creencias: «No tengo derecho a sentir placer, no vine a esta vida para sentir placer: mi estado natural es el sufrimiento. No sé cómo sentir placer ni cómo vivir en el placer, así que huyo de él».”
Todos y cada uno de esos sistemas de creencias o voces reforzaban la idea de que el placer no formaba parte de mi realidad, de mi experiencia. Además, mis experiencias de abuso sexual asociaban el placer con el peligro y el dolor.
En esta etapa de mi vida, me estoy abriendo al placer, buscando nuevos patrones, intentando desarrollar este proceso. Y lo denomino “proceso” precisamente porque entenderlo como tal ha sido un gran descubrimiento y me ha ofrecido un cambio de perspectiva o de percepción. Mindell define el término «proceso» como «cambios en la percepción» y la variación de las señales que experimenta un observador. Explica que el proceso es como un tren especial cuyo destino no siempre se puede predecir. El observador sigue las señales en su vida real o en sus fantasías, hasta que la vida se le revela ante sus ojos. (1995)
Si analizamos la identidad desde el punto de vista de la estructura, comprendemos que se trata de una cuestión compleja. Gran parte de nuestra identidad no es algo consciente, sencillamente porque la hemos vivido a lo largo de toda nuestra vida. Desde el Processwork, consideramos como identidad todas las experiencias que hemos vivido, tanto aquellas con las que estamos de acuerdo como aquellas con las que no, tanto las que encajan con nuestra idea de quiénes somos o deberíamos ser, como las que no. Algunas identidades están más cerca de nuestra conciencia y son más fáciles de comprender; las llamamos procesos primarios o “energías U”. En mi caso y en relación con el tema, durante muchos y largos años, mi terreno conocido y mi sensación de hogar era un estado depresivo, entendiendo esto como un continuo de un proceso. Mientras tanto, la otra cara de esta identidad, la más distante o desconocida, a la que llamamos energía secundaria o X, era sentirme realizada, disfrutar y estar en conexión con el placer. Estos eran aspectos que tendía a marginar, a dejar fuera de mi identidad, ya que pertenecían al otro lado del límite, un lugar donde las dos identidades se cruzan. A menudo sentía que no había nacido para ser “feliz”, que estaba aquí para sufrir, luchar y sobrevivir. En mi imaginación, polarizaba la depresión y el placer.
La naturaleza humana se percibe como polarizada, como dual. Y, en cierto modo, esa polarización es natural y necesaria para que, en el encuentro entre las diferentes partes, estas contribuyan a la comprensión mutua, con el objetivo de desarrollarse y descubrirse unas a otras. Pero es importante no perder de vista que existe un continuo entre las polaridades, y que las experiencias pueden situarse dentro de ellas. Dividir el proceso en partes primarias y secundarias es simplificarlo en exceso. Y digo esto porque, cuando me puse en marcha, tenía la convicción de que no sabía cómo vivir en el placer, no sabía cómo estar en él; por eso me embarqué en este viaje como un reto para aprender a estar más conectada con el placer. Desde una perspectiva patológica, me sentía defectuosa porque no sabía cómo vivir ni sentir el placer. Buscaba algo que, en la corriente dominante, parecía común, normal y natural, donde la imagen que todo el mundo tenía que transmitir era de felicidad, alegría y abundancia… y donde yo no me sentía identificado con ninguno de esos términos asociados al placer. Lo veía como una meta a la que llegar, como un hito, como algo material que alcanzar. Con ello perdí la noción de continuidad, de proceso y de la importancia de la impermanencia de las cosas o los estados.
Todo ese sentimiento de no sentirme válida en ese contexto me situó en algún lugar al margen. Me sentía muy por debajo de los demás porque no sabía cómo conectar con esa cosa aparentemente fácil y natural. El estado de depresión en el que solía encontrarme me situaba en el papel de víctima, sin las herramientas necesarias para salir de ese lugar, atrapada e incapaz de conectar con mi propio valor y mi fuerza interior.
La idea del continuo ha sido fundamental para romper con esas identidades estáticas que me paralizaban. Para dejar atrás esas identidades más conocidas y adentrarme en otras más desconocidas, identidades que hasta entonces apenas se ajustaban a la idea de quién era yo o en quién podía convertirme.
Para embarcarme en este proceso, ha sido importante desarrollar una forma diferente de ver el placer y de verme a mí misma. Para descubrir un mundo nuevo, a veces las cosas han ido en contra de lo que dicta el sentido común; ha habido momentos en los que me he adentrado en lo desconocido, aunque en ocasiones eso me haya generado miedo o desconfianza.
Seguir el flujo del proceso implica prestar atención a lo absurdo y lo imposible, y ir en contra de las creencias y formas de ver las cosas convencionales. Mindell dice, metafóricamente, que seguir el proceso es “montar a caballo al revés”. Exige una forma diferente de mirar. “Seguir el mensaje no deseado e involuntario va en contra de las creencias colectivas. Esto nos dice que, si sigues lo desconocido, te llevará al fin del mundo… Pero el Processwork nos muestra la redondez de nuestro universo. Nos muestra que, si tenemos el valor de seguir las señales involuntarias, no caeremos en el abismo, sino que descubriremos nuevos mundos.
Diamond&Spark, 2004: 20
Y así es como he intentado seguir las señales y todo lo que iba surgiendo en el proceso, sin un mapa claro, pero con la confianza de que iba por el buen camino.
Me parece interesante replantearme mi relación con el placer desde la perspectiva de las cuatro fases del conflicto descritas por Mindell (2017) y, de este modo, ver hasta qué punto me he centrado en cada una de ellas.
Si entendemos la primera fase como relajación, como no hacer nada, podría equipararse a una etapa inicial en la que no sentía ningún interés por ello; incluso pensaba que era algo totalmente ajeno a mí, que simplemente no era para mí. Pero luego, con el tiempo, me di cuenta de que la ira estaba surgiendo en mi interior aunque no fuera mi intención. Surgieron sentimientos involuntarios —ira y rabia por no poder acceder al placer— y ese fue para mí el comienzo de la segunda fase. Aquí empecé a entrar en la segunda fase: una basada en el conflicto y la tensión. Esta fase ha ocupado gran parte de mi vida en general y, concretamente, en relación con el placer. También fue lo que me impulsó a empezar esta investigación y me llevó a la tercera fase, en la que me interesé por la experiencia de soñar. Observé los sistemas de creencias, las críticas y los límites que rodeaban mi concepción del placer. Lo que me sorprendió fue que conecté muy profundamente con la cuarta fase. En ella conecto con experiencias profundas y esenciales, me dejo conmover por algo más grande y desconocido y, finalmente, descubrí y empecé a vivir el placer con un nuevo significado.
Analizar el placer a través de estas diferentes fases me ha ayudado a transformar la idea estática que tenía de él y también ha derribado las ideas preconcebidas que tenía sobre mí misma en relación con él. Es curioso cómo uno puede quedarse atrapado en el dolor y el sufrimiento durante años y años, cómo puede construir su identidad en torno a ello y sentir que, sin ello, no sería uno mismo, cómo puede percibir esto como algo inmutable y eterno o incluso como si fuera su destino. Así es como pasé parte de mi infancia, mi juventud y una parte de mi vida adulta, creyendo que no podía disfrutar de estar viva. Sentía como si mi historia estuviera definida por el sufrimiento y esa fuera la única forma en que podía aprender.
6. El mito de la vida
Como he dicho antes, entiendo el placer como un acceso en blanco, un proceso dinámico que se puede vivir en cualquier lugar y en cualquier dimensión; se puede experimentar a través de diferentes vías y lo considero una fuerza vital que amplía nuestra esencia. En ese sentido, ¿puedo decir que el placer forma parte de nuestro camino vital mítico? ¿Interviene en el descubrimiento de nosotros mismos? Ahí es donde surge la pregunta…
¿Qué tiene que ver el placer con el mito de mi vida?
En este capítulo y en algunos posteriores, surge uno de mis miedos al iniciar este proyecto: el miedo a exponerme demasiado, a sentirme desprotegida y vulnerable al compartir los recuerdos de mi infancia. Dicho esto, también me gustaría mencionar que parte de este proceso consiste en desarrollar la capacidad de cuidarme a mí misma. Así pues, un elemento del proceso consistirá en establecer límites para protegerme, especialmente durante el proceso de escritura. Tengo que cuidar de esa parte de mí que teme desnudarse demasiado, para que la parte que quiere revelar su verdad pueda hacerlo. Tenemos que establecer límites respetuosos entre una y otra, para encontrar la danza que las una.
El autocuidado y la protección son aspectos que, en muchos ámbitos de mi vida, han estado ausentes o se han descuidado. Me doy cuenta de que esto está directamente relacionado con el hecho de evitar y rechazar partes importantes de mí misma y, por lo tanto, con la incapacidad de estar presente y conectar con el placer. Por eso, mantener un cierto nivel de intimidad contribuirá al bienestar del sistema.
Castaneda dice que la sabiduría es como el viaje del Guerrero; es importante conectar con la razón por la que lo estás emprendiendo, porque el camino será duro y necesitarás recordar tu propósito. En este capítulo, exploro acontecimientos que me traen a la memoria recuerdos dolorosos, pero conocer mi propósito y conectar con él me ayuda a recorrer el camino.
Como dice Castaneda en “Las enseñanzas de Don Juan”: “El hombre se adentra en el conocimiento de la misma manera que va a la guerra: lleno de determinación, miedo […] y valor” (p. XXX, 2001). Me gustaría destacar la importancia que le doy a situar esos tres términos al mismo nivel, sin dar más valor a la determinación y al valor; esto es contrario a lo que solía pensar cuando pasaba por alto el miedo. Si algo he aprendido a lo largo de este viaje es que los miedos existen para dar sentido a las cosas. El objetivo no es superarlos, sino escuchar los mensajes que nos transmiten. El reto ya no es superar los miedos, sino escuchar sus mensajes. Es como si fueran síntomas: hay que escucharlos y dejar que se desarrollen y adopten la forma que sea, mientras uno empieza a vivirlos desde dentro.
En la psicología orientada a los procesos, al igual que en las tradiciones chamánicas y taoístas, decimos que nos mueven fuerzas que están detrás de nuestras acciones y decisiones cotidianas, polaridades que forman parte de lo que llamamos «mitos de la vida» o «patrones básicos». Es como si siempre hubiera un espíritu en el trasfondo de tu vida, que te hace único a ti y a tu forma de afrontar la vida. También hablamos del mito en el marco del proceso junguiano de individualización, en el que cada individuo intenta conectar con su totalidad, su naturaleza más profunda y su integridad.
El “Processwork” con perspectivas a largo plazo se ve influido por el concepto junguiano del «mito de la vida». Originalmente, Jung acuñó el término «mito de la vida» para describir un patrón de desarrollo personal a lo largo de la vida de una persona. (Diamond & Spark, 2004:148) Jung descubrió que los sueños de la infancia revelaban un arquetipo o patrón mítico de la vida. Mindell amplió el concepto al sugerir que estos patrones y tendencias también podían observarse en experiencias recurrentes y crónicas, como los síntomas crónicos, las adicciones y los patrones relacionales.
Por eso decidí, de forma consciente y creativa, trabajar en mis síntomas crónicos, en los acontecimientos, en las sincronicidades y en mi «sueño de la infancia». En lugar de dejarme arrastrar y llevar por la corriente de todo ello, los observo y escucho con atención sus mensajes. Los utilizo para lograr una transformación a largo plazo, más saludable y consciente y, por lo tanto, con mayor capacidad de acción y responsabilidad. Para mí, esto significa pasar del papel de víctima al de creadora. Este cambio es un factor clave en mi historia personal para sanarme y conectar con el placer.
a) Sumergirse en el sueño de la infancia
Hay diferentes lugares en la Tierra donde podemos experimentar y descubrir partes de nuestro mito. Lugares donde podemos encontrar polaridades similares a las de las energías con las que solemos trabajar y que expresamos a lo largo de nuestro camino. Y es a través del «Sueño de la Infancia» como empezaré a explorar estas energías con curiosidad y compasión, para poder ser consciente de todos los diferentes elementos que aparecen en mi sueño. Los sueños de la infancia muestran experiencias del presente, pero también revelan patrones organizados, un potencial de diferentes energías dentro de una persona. Esto es lo que me interesa: descubrir qué patrones y poderes imprevistos mueven mi vida y revelar el regalo que estos patrones aportan a mi trabajo y a mi mundo, especialmente en lo relacionado con el placer. Mi hipótesis es que mis sueños dicen mucho sobre el placer y, en particular, que las figuras secundarias podrían indicar cómo acceder más a este placer.
Estoy en mi casa, en mi habitación, y dos ladrones enmascarados y vestidos de negro suben las escaleras y entran en la habitación de mis padres. Ambos llevan cuchillos en las manos. Cada uno se coloca a un lado de la cama, y el que está junto a mi madre, con un cuchillo, le abre el cuerpo. La abre como si estuviera buscando algo en su interior, como si buscara un tesoro escondido. Le corta el torso; parece muy profesional y no duda: sabe lo que está haciendo.
El ladrón (que no es un asesino) abre el cadáver con una energía fría, sin emociones, con indiferencia, de forma directa y precisa. Está buscando algo y está concentrado. Como tiene el rostro cubierto, no se le ven expresiones ni emociones.
Mi madre no parece sentir dolor. No se mueve, sino que permanece tumbada en la cama como si estuviera dormida y con los órganos fuera del cuerpo. Tiene el cuerpo abierto.
Mientras todo esto ocurre, estoy en mi habitación, tumbada en la cama y muerta de miedo. Me invaden muchas emociones.
Mi padre está durmiendo junto a mi madre mientras ocurre todo esto.

Al analizar el sueño, veo que hay tres figuras o energías principales: la niña (yo), el cuerpo de mi madre y los ladrones. Explicaré qué simbolizan para mí las diferentes energías que encuentro y, para ello, tendré que adentrarme en ellas, transformarme en ellas y procesarlas. Reflejan aspectos de mi vida, mis patrones de comportamiento y mis energías míticas.
❖ La niña asustada: el sufrimiento, con miedo y mucha emoción. Encerrada en sí misma, diminuta e indefensa. Desempeña el papel de observadora y lo controla todo Eso pasa. Parte del miedo radica en no saber qué va a pasar y si ella saldrá herida.
Si pienso en mi identidad a largo plazo, la veo como una figura fundamental. Veo a la niña que solía ser, con miedos, sufrimiento, necesidad de control, cerrada a la belleza de la vida. Me recuerda las historias traumáticas que aún permanecen en mi interior, bloqueadas, ocultas en la oscuridad.
Es un sentimiento con el que solía identificarme en el pasado, pero con el que ya no me identifico tanto. Es un sentimiento ligado al sufrimiento y es una de las razones por las que empecé este proyecto. La chica es testigo de una situación concreta y ese es un papel que estuvo ausente durante gran parte de mi vida. En mi historia, esto se traduce en una vigilancia excesiva y un control constante, sobre todo por la noche. Esto está directamente relacionado con un síntoma que analizaré más adelante: el insomnio.
En el sueño, la niña quiere que la protejan, pero tanto la figura materna como la paterna están ausentes, inactivas. Están siendo atacadas, lo que significa que no pueden ofrecerle protección alguna. Por lo tanto, la niña tendrá que desarrollar esa protección por sí misma.
❖ Mi madre: con ella cuerpo abierto y pasivo
La imagen que tengo ahora es la de un cuerpo abierto: el cuerpo de mi madre está abierto y pasivo, y no vemos en él ninguna resistencia. Esto contrasta con la última imagen: la figura de la niña que se encierra en sí misma. Esta polaridad ha desempeñado un papel importante en mi vida, pero no era plenamente consciente de ello. Especialmente la parte de la apertura: Como resultado, me metí en situaciones en las que sentía que tenía que abrirme; me olvidé de protegerme o incluso no supe ver el peligro. Esto me ha llevado a situaciones de abuso y violencia, en parte porque ignoré las señales, mis miedos y mis intuiciones.
Tal y como se muestra en el sueño, el cuerpo de mi madre está expuesto, totalmente vulnerable ante cualquier ataque o invasión, completamente indefenso. Se trata de un patrón que me resulta familiar y que me recuerda la importancia de estar abierta y protegida al mismo tiempo, uniendo ambas cualidades. Sentirme abierta a la vida y a diferentes sensaciones es maravilloso, pero necesito hacerlo de forma consciente, respetando los límites y cuidándome a mí misma. Más adelante en este capítulo se abordará con mayor profundidad el tema de traspasar mis límites. Aquí solo quiero destacar la importancia de permitirme la posibilidad de abrirme y cerrarme según lo que mejor se adapte a las circunstancias. Ninguna de las dos opciones es mejor que la otra: lo que importa es que me mantenga conectada con mi cuerpo y sus señales.
Otro aspecto que me gustaría destacar al adentrarme en la figura del cuerpo de mi madre es lo que denomino “pasivo o inactivo”, como si el cuerpo estuviera abandonado. Cuando me convierto en ese cuerpo pasivo, surge algo: una disposición a soltar, a rendirme, a no hacer nada. Y me siento abierta a lo que pueda suceder; esto me lleva a un agradable estado de relajación, de desconexión. Dejo atrás la realidad consensuada y abandono mi antigua identidad para adentrarme en una realidad o esencia más sensible. Me doy cuenta de que este podría ser un patrón que necesito incorporar más a mi vida para poder conectar con estas otras dimensiones.
Esta figura del sueño muestra el papel que la madre representa para mí: me recuerda lo que puedo incorporar a mi forma de cuidarme a mí misma: alguien que ofrece protección, que cuida…
Una cosa que me sorprendió al principio, mientras exploraba el sueño, fue la ausencia de dolor y de sentimientos. Parecía que mi madre no sufría por haber sido apuñalada; ni siquiera se defendía. Algo parecido ocurrió con la figura paterna, que permaneció dormida mientras todo sucedía, sin protegerla ni mostrar emoción alguna. Para mí, ambas figuras representan la insensibilidad.
También me sorprende la pasividad que transmite la imagen, pero al mismo tiempo me recuerda que una de las estrategias de supervivencia cuando se sufre maltrato es no defenderse, entregar el cuerpo al maltrato como estrategia de supervivencia.
❖ Los ladrones: con ganas de ir a por lo que quieren, activos,
directo, frío y independiente
El paradigma del «Processwork» sostiene que identificar y desentrañar el elemento más inquietante de un sueño a menudo puede aportarnos la cualidad que necesitamos para afrontar el reto al que nos enfrentamos.
Considero que estos personajes desempeñan un papel más secundario, aunque lo serían aún más si los viera como asesinos, pero no es así. La figura del ladrón es una figura onírica, pero también representa la energía X.25, la energía más inquietante.
Este es el papel del agresor, que se lleva lo que quiere sin pedir permiso.
Relaciono la energía de los ladrones con diferentes aspectos de mi vida en los que me he sentido víctima de esa energía; por ejemplo, en relaciones en las que la otra parte ha asumido o ha ocupado el papel más frío y distante. Pero este papel se ha manifestado sin duda de forma más clara en experiencias de abuso sexual y agresiones, en las que alguien elegía qué tomar de mi cuerpo y cómo hacerlo sin mi consentimiento ni respetar mis límites.
Al repasar el curso de mi vida y algunos de los acontecimientos que la han marcado, me he dado cuenta de la importancia de integrar más esta energía directa y distanciada. Me gustaría utilizar estas cualidades de forma consciente para cuidarme y protegerme, pero, sobre todo, me gustaría que dejaran de manifestarse en circunstancias o figuras externas. Las cualidades de frialdad y distanciamiento son importantes para poner un límite al sufrimiento, para protegerme del abuso de mis detractores, de situaciones dolorosas o incluso cuando me apego a emociones que me hunden. Ha habido momentos en mi vida en los que me ha resultado difícil asumir ese papel que establece límites claros y se conecta con el distanciamiento. Pero siento que, con el paso del tiempo, lo hago con mayor autonomía y empoderamiento.
Al analizar más a fondo las figuras de los ladrones, el cuchillo parece ser un elemento clave. Cuando consigo ser y sentir el cuchillo, conecto con la sensación de atravesar capas de piel para llegar a lo más profundo, con control y precisión, y estando plenamente presente y concentrado. Disfruto mucho de las sensaciones que me producen las diferentes texturas que voy cortando; me permite estar presente en el momento y ser consciente de todo lo que toco y de todo lo que me toca.
Esta imagen también me hace reflexionar sobre la correlación entre el cuchillo y el hecho de ser penetrado en una situación de abuso. Mientras lo escribo, siento horror. Cuando hay abuso, no hay conexión ni sentimiento con lo que está siendo penetrado. El cuchillo nos ofrece una clave importante para evitar el abuso: estar conectados y ser conscientes de las señales y la retroalimentación de lo que está sucediendo; escuchar con atención y ser conscientes de lo que estamos haciendo.
Estas son cualidades útiles tanto para mi vida personal como para mi trabajo como facilitador, que está estrechamente relacionado con profundizar en la experiencia límite. Profundizar y sentir cómo se van atravesando las diferentes capas de la piel es adentrarse en los distintos niveles con plena conciencia y presencia.
Un último detalle que merece la pena analizar en relación con los ladrones es el hecho de que están buscando algo dentro de mi madre. Buscan un tesoro, una pequeña perla brillante escondida en su interior.
❖ La perla en el interior del cuerpo
Otro sueño recurrente que he tenido desde que era pequeña es aquel en el que era un pájaro curioso, interesado en conocer y comprender. Un pájaro que se colaba en las casas de la gente para ver cómo les iba, cómo se relacionaban entre sí y qué sucedía en su interior. Como si el pájaro fuera testigo de lo que ocurría a puerta cerrada. Me parece que esa sensación es similar a mi deseo de adentrarme en la mente de las personas para poder entender qué y cómo se sienten, para poder ser testigo de cómo viven las cosas. Supongo que de ahí me viene mi voluntad de acompañar a personas, familias y grupos en la terapia.
Volviendo al primer sueño, veo que la búsqueda de algo en lo más profundo del cuerpo es algo muy presente en mí, y esto también caracteriza mi trabajo con clientes individuales y grupos. Intento acompañarlos mientras encuentran una pequeña perla, su propia luz que se esconde en su interior y que, muy a menudo, ni siquiera saben que existe. Creo firmemente que es sumamente importante estar conectado con la luz, la perla o la esencia que nos define y nos hace únicos. Y para mí, la conexión con esa luz interior tiene mucho que ver con el placer y con estar cerca de quien realmente soy, cerca de mi esencia y de mi yo más profundo.
Si me dejo llevar por la experiencia de la perla, descubro que se trata de una perla blanca que irradia mucha luz, pero que se encuentra en un lugar profundo y oculto donde su luz apenas puede brillar. Cuando emerge o es descubierta, tiene la capacidad de iluminarlo todo y, al hacerlo, da color a la vida y la oscuridad empieza a adoptar todo tipo de matices diferentes. La perla brilla y hace que todo el cuerpo brille, e incluso más allá. Conectar con eso forma parte del mito de mi vida y está relacionado con momentos en los que me siento viva, llena de energía, en los que la vida tiene sentido y un propósito, en los que sé que estoy exactamente donde debo estar y me siento realizada y conectada con algo más profundo.
De alguna manera, para mí, conectar con el placer es conectar con la esencia de esta perla y, de ese modo, romper con la realidad consensuada. Esto forma parte de mi trabajo y, por eso, necesito encontrar un vínculo con otras dimensiones para disponer de más espacio para mí misma y para una experiencia más amplia.
Estoy intentando trasladar este tipo de elementos de mis sueños a mi trabajo como terapeuta y a mi vida personal. La energía de la búsqueda de la luz o de la perla interior, la energía del cuchillo que atraviesa las capas. Esta búsqueda de la profundidad contrasta con la voluntad de quedarme en la superficie, lo cual resulta insatisfactorio y nada agradable. Todo Estas figuras que aparecen en mi sueño son aliadas en mi proceso y algunas de ellas me guían hacia habilidades o meta-habilidades muy valiosas que contribuirán a lo largo del camino a relacionarme con el placer de una forma más libre y consciente.
b) ¿Qué mensaje me está transmitiendo mi cuerpo?
El «Processwork» explora nuestro mundo conocido y nos abre a lo desconocido, a esos elementos enigmáticos e inexplicables que son las semillas ocultas que encierran el potencial para una nueva vida y la creatividad.
Amy Mindell, 1995:57
Comienzo esta sección con esta cita, que me inspira a adentrarme en aspectos desconocidos para descubrir las semillas de la transformación. Y, con esta inspiración, considero este cuerpo que habito y sus señales como una gran fuente de conocimiento, sabiduría y experiencia. Lo veo como un receptáculo de mi propia historia, pero también de la historia ancestral. Escucho atentamente a mi cuerpo, porque revela la verdad más absoluta y pura. No tiene filtros, muestra un patrón mítico y aporta conciencia para mitigar los sentimientos de fracaso o estancamiento que suelen acompañar a los conflictos crónicos o de larga duración.
Jung afirmaba que los sueños eran puertas al inconsciente. Mindell fue aún más allá de las ideas junguianas, explorando cómo las experiencias oníricas no solo se manifestaban en los propios sueños, y afirmó que la experiencia onírica no solo tenía lugar en los sueños, sino que el «soñar»26 El proceso se producía constantemente, tanto de día como de noche. Descubrió que lo que soñamos por la noche y los síntomas que percibimos durante el día tienen la misma energía y que esto, a su vez, se manifiesta en diferentes ámbitos de nuestras vidas.
Para entenderlo mejor, he seleccionado algunos síntomas crónicos o experiencias que he vivido a lo largo de los años. Mi intención es desentrañar los mensajes sobre el placer que las señales de mi cuerpo aportan a mi proceso.
❖ Insomnio
Este síntoma me ha acompañado desde que tengo memoria. Afortunadamente, hoy en día está menos presente y es menos intenso en mi vida. Por eso lo describiré en pasado.
He bautizado al insomnio como “vampirus insominius vigilantis” (2). Se trata de una figura onírica que se caracteriza por ser un estado de “hipervigilancia” constante (1), especialmente activo por la noche. En la realidad consensuada, se manifestaba manteniéndome despierta y alerta, demasiado atenta cuando necesitaba dormir, o despertándome en mitad de la noche ante el más mínimo ruido. El más mínimo sonido o movimiento me despertaba. La sensación era de no poder descansar ni desconectar, porque una parte de mí siempre estaba alerta por si acaso ocurría algo. No podía bajar la guardia ni siquiera en lugares que parecían seguros. Por suerte, mientras escribía esto y con el paso de los años, esto dejó de ser un síntoma constante para convertirse en uno que solo aparece en determinadas ocasiones.
Hubo una etapa en mi vida en la que este estado de alerta también se daba fuera de la experiencia onírica. A veces se manifestaba durante el día, pero era mucho más habitual por la noche, sobre todo cuando caminaba solo por las calles de noche.
Tenía miedo de que me siguieran o de que alguien se me acercara para hacerme daño. En esos momentos, se activaba la figura onírica del “vampirus insominius vigilantis” y mi cuerpo respondía mostrándose muy sensible a lo que me rodeaba.
Para conocer mejor los síntomas, me sumergí en las señales y trabajé en los diferentes niveles (4). Dejé que la energía perturbadora de la hipervigilancia (1) se manifestara y, al amplificarse, apareció la figura onírica (2) del “vampirus insominius vigilantis”. Tiene ojos por todas partes para controlarlo todo. Finalmente, me adentré en la esencia y dejé que el universo me guiara mientras intentaba ver qué cualidad aportaba el síntoma. Apareció una mirada de cuidado, respetuosa, como si fuera una metamirada que protege desde la distancia. Esto me hizo pensar en una muñeca que hice hace unos años y que coloqué simbólicamente junto a mi cama para que se encargara de vigilar mientras yo dormía.

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Otro aspecto inquietante del síntoma que desarrollé era la sensación de tiempo perdido cuando quería dormir y no podía. Al profundizar más en ello, al hacer un boceto (5) de la energía, percibí una sensación de no ir a ninguna parte, de no llegar a ninguna conclusión. Y al profundizar más, descubrí la sensación de tener el poder de extraer objetos de un cuerpo o de una cosa (6), como si fueran púas dolorosas que, al sacarlas, me proporcionaban alivio. Al interiorizar esa sensación, visualicé la capacidad de alejarme de situaciones dolorosas o tóxicas. Fue maravilloso conectar con ese poder y me resultó muy útil para mi vida y mis relaciones.

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Al conectar con la experiencia y dejarme llevar por la energía oscura del universo <<Me invadió una sensación nueva, que nunca antes había experimentado. Una sensación que combinaba el hecho de dejar de controlar con la certeza de que estaba protegida. Me dejé llevar por el universo y no tuve que controlar nada; me dejé llevar, no tenía nada a lo que resistirme. Simplemente sentí adónde me llevaban las energías; un estado fluido sin esfuerzo>>
Fue realmente sorprendente vivir esta experiencia a raíz del insomnio: fue una experiencia sumamente placentera y un elemento clave para mi relación con el placer, ya que pude dejarme llevar sabiendo que ahora cuento con la seguridad interior que me brindan el cariño y la protección.
❖ Crisis epilépticas
Hay otro síntoma recurrente que todavía se manifiesta de vez en cuando y al que yo denomino “turbulencias energéticas”, conocido comúnmente como epilepsia.
La epilepsia (del latín epilepsĭa, a su vez procedente del griego ἐπιληψία, ‘interceptación’), según Wikipedia, es un trastorno causado por un desequilibrio en la actividad eléctrica de las neuronas de una parte del cerebro. Se caracteriza por diversos trastornos neurológicos que provocan una predisposición a sufrir convulsiones recurrentes. Estas suelen tener consecuencias a nivel neurobiológico, cognitivo y psicológico. Por lo general, el tratamiento consiste en administrar medicamentos anticonvulsivos para que desaparezcan los síntomas.
Ya en la antigua Babilonia se escribía sobre la epilepsia. Ha tenido diferentes significados, interpretaciones y formas de tratamiento según la cultura. En algunos contextos, se le atribuía un origen divino y se la veneraba; en otros, se consideraba una posesión diabólica o se relacionaba con los ciclos lunares. Me parece relevante destacar la etimología de la palabra: proviene del griego “epilambanein”, que significa «ser atacado» o «ser tomado por sorpresa».
Este síntoma o proceso me pilló por sorpresa a los 17 años, con un episodio extremo en el que tuve una experiencia extracorporal de la que me costó bastante tiempo recuperarme. Tras este episodio, y otro similar, empecé a sufrir crisis epilépticas. Cuando las tuve por primera vez, me hice pruebas médicas y acudí a consultas con neurólogos, quienes me explicaron lo que me estaba pasando. A lo largo de mi trayectoria con este diagnóstico, apenas he vuelto a acudir al médico, y la razón no es que no me interesara o que ya no hubiera más crisis, sino que mi relación con la medicina alopática no ha funcionado.
Cada vez que acudía a los médicos, me daba cuenta de que no les interesaban mis sueños, mi experiencia personal ni lo que me estaba pasando, sino únicamente que aceptara cualquier tratamiento que me ofreciera la medicina alopática. Por eso, desde el principio y hasta ahora, me he negado a tomar esa medicación, a pesar de que era la única opción que se me ofrecía, asumiendo así la responsabilidad de lidiar con mis síntomas por mí misma. Tras varios conflictos con el sistema médico alopático y su visión parcial de la realidad y de mi cuerpo, en los que sentí que se menospreciaban mi propia subjetividad y mi experiencia, me distancié de él. Fue doloroso, pero pasar por ello en soledad me llevó a buscar caminos diferentes que fueran más fieles a mi naturaleza.
La psicología orientada a los procesos fue una aliada en mi camino a través de las crisis epilépticas, ya que me ayudó a tomar conciencia de los síntomas; de su significado, su propósito, el mensaje que encierran y, prácticamente en todo momento, a aprender a acompañarme a mí misma a lo largo del proceso. Era importante escuchar las señales de mi cuerpo, sentirlo, respetarlo, aprender a habitarlo y validar mi propia experiencia. Si algo he aprendido de esta crisis es a ser mi propia cuidadora desarrollando una “metaposición”: un estado mental en el que puedo observar mi propia experiencia con compasión y sin juzgarme. De hecho, desarrollar este papel de cuidado durante las crisis ha reducido en gran medida el sufrimiento ante los ataques.
Durante las crisis pierdo el control de los movimientos de mi cuerpo, así como la capacidad de ver y hablar, pero mis canales auditivos y propioceptivos siguen funcionando. De hecho, ambos están incluso más agudos y puedo percibir claramente lo que ocurre a mi alrededor. Cuando esto ocurre, no puedo comunicarme normalmente con el exterior, pero en una ocasión especial en la que me acompañaba alguien muy sensible, Conseguí establecer comunicación mediante pequeños gestos. Esta experiencia me supuso un gran alivio y me ayudó a cuidar de mí misma.
Todo esto ha contribuido a mi comprensión del trabajo de Mindell y de otros investigadores sobre el coma y los estados extremos de conciencia.

Al observar esta imagen, que representa la visión de mi “metacomunicador”27 que tengo desde fuera cuando se producen las crisis epilépticas. Desde ahí veo las convulsiones y las turbulencias internas por las que estoy pasando, pero lo que me sorprende es la sensación de estar atrapado en una caja. No pensé en ello mientras dibujaba, sino que me di cuenta al observar el dibujo. Es una sensación inquietante que tengo durante las crisis. Hay una energía dentro de mí que choca contra las paredes de mi cuerpo, intentando salir en un ansia de libertad.
Al analizar diferentes síntomas, he aprendido que, cuando me siento bloqueada en el ámbito de las relaciones, entro en una situación límite y mi cuerpo lo somatiza inmediatamente. Esto puede ir desde que se me cierra la garganta, lo que me hace sentir como si me estuviera asfixiando y no pudiera expresarme, hasta llegar a sufrir una crisis epiléptica si la situación es más grave.
Para mí, la epilepsia ha sido un proceso que ha ido evolucionando a medida que he ido tomando conciencia de ella. Cuanto más consciente soy, menos dolorosas, frecuentes e intensas son las crisis. La epilepsia es un estado alterado que surge en un límite. Al igual que otros estados alterados28 Lo he experimentado: es una sensación de quedarme paralizada al borde del abismo, y eso hace que me desconecte de mi propio poder y mi propia fuerza.
Cuando los estados alterados son recurrentes, actúan como una adicción, y la experiencia del síntoma te aporta algo que no puedes expresar por ti mismo sin él. Cuando me pregunto qué me aporta la epilepsia, me doy cuenta de que, en el fondo, el mensaje tiene mucho que ver con el tema central de este artículo: el placer.
Y, por otro lado, con su polaridad: el dolor y el sufrimiento. A medida que he ido aprendiendo y observando más sobre las circunstancias en las que se producen los ataques, me doy cuenta de que hay situaciones en las que algo me abruma por completo porque no he sabido establecer límites. Mi cuerpo somatiza el ataque, lo que conduce a una pérdida de control y a una liberación, y a un estado posterior en el que, durante unos instantes, no hay lucha, no hay nada que hacer salvo rendirse. Es como una sensación en la que me deshilacho y pierdo mi identidad, abandonando la realidad consensuada.
El estado posterior al ataque, en el que el dolor ha sido tan intenso a nivel físico que no me deja otra opción que descansar, disolverme y dejarme llevar, contrasta profundamente con el sistema de creencias que ha marcado mi vida. Un sistema de creencias basado en la acción, en luchar para sobrevivir, para hacer frente al dolor, a los miedos, a los traumas y a otras dificultades, y en el que la vida se veía como un campo de batalla en el que nunca bajabas la guardia porque podías ser atacado.
La sensación de dejar ir se produce en diferentes momentos y aspectos de mi vida, y a menudo la anhelo. Es una señal que me recuerda por qué necesito ir a lo esencial, desprenderme de mi identidad y conectar con mi yo más profundo. Por eso es importante que haya una forma de conectar con esa experiencia sin dolor y sin tener que pasar por las crisis, para poder expresar la energía bloqueada y todo lo que sea necesario expresar. (Parece que siempre vuelvo al mismo punto).
De nuevo aparece el concepto de «ataque»: primero en mi sueño de la infancia, personificado por los ladrones que asaltaban el cuerpo de mi madre; luego, en mi insomnio, donde existe el miedo a ser atacado desde el exterior; y, por último, en la epilepsia, donde el ataque parece provenir del interior.
❖ La depresión y los deseos de morir
Muchas depresiones o deseos de morir tienen que ver con profundizar en uno mismo. Si no se tiene suficiente acceso al nivel de la esencia, se puede tender a la depresión, y esto puede llegar incluso a provocar enfermedades.
En lo que respecta a mi relación con la muerte, me ha resultado interesante leer “Viaje a Ixtlán”, de Castaneda, en el que me he sentido identificado con sus palabras en varios momentos, por lo que mencionaré algunos de ellos a lo largo de este capítulo.
La muerte ha sido un “estado” muy presente en mi vida, en forma de deseo, miedo y búsqueda de la muerte en sí misma. Desde que era muy pequeña, he pasado largas etapas de mi vida sumida en períodos de profunda depresión y obsesionada con la idea de morir para poner fin a la lucha. A veces, el sufrimiento era tan extremo y agonizante que sentía que seguir viviendo no tenía sentido. En ocasiones intenté hacer realidad esos deseos de morir, pero supongo que el miedo a lo desconocido y algún atisbo de esperanza frenaron esos intentos.
La depresión se había apoderado de mí. Era como estar dentro de una nube gris, donde la vida carecía de colores y donde los pensamientos destructivos agotaban mi ser. Pero incluso llegué a sentirme cómodo en ese estado. Suponía sufrimiento, pero era un terreno conocido, y pensaba que me costaba menos esfuerzo quedarme allí que intentar salir y aventurarme en lo desconocido.
El bienestar es un estado que hay que cultivar, un estado con el que hay que familiarizarse para poder buscarlo. No sabes lo que es el bienestar porque nunca lo has experimentado. Para sentirte miserable, tienes que esforzarte mucho. Y del mismo modo, tienes que esforzarte para sentirte pleno y fuerte. ¡Es una tontería! La clave está en lo que uno destaca. O nos volvemos infelices o nos hacemos fuertes; el esfuerzo que hay que dedicar es el mismo.
Castaneda, 2017: XV El no hacer
Y sí, mientras estás en esa situación, no te das cuenta del esfuerzo que supone sentirte mal, ni de lo mucho que tienes que esforzarte para verlo todo de forma negativa, para ser duro contigo mismo, etcétera.
En el estado depresivo se experimenta una sensación de fatiga, cansancio y desánimo, pero ahora me doy cuenta de que, en mi caso, parte de esa fatiga provenía de albergar en mi interior una voz crítica y maltratadora muy intensa. Una relación que se volvió tan invasiva que se apoderó de mi identidad, hasta el punto de que llegué a creer que eso era lo que me merecía, un sistema de creencias que me condenaba a una vida en la que no podía ser mejor, diciéndome que “la felicidad o el placer” no tenían cabida en mi vida.
Como dice Castaneda, es importante dejar de darnos tanta importancia a nosotros mismos; de lo contrario, perdemos de vista el mundo y acabamos aislándonos. Yo lo perdí de vista, en parte, porque me dejé cegar por mis críticos y mis sistemas de creencias.
Ahora nos preocupa perder la arrogancia. Mientras te sientas como si fueras lo más importante del mundo, no podrás apreciar de verdad el mundo que te rodea. Eres como un caballo con anteojeras: solo te ves a ti mismo, ajeno a todo lo demás.
Castaneda, 2017: 49
Y, al igual que ocurrió anteriormente con las crisis epilépticas, una vez más mi relación con el sistema sanitario no satisfizo mis necesidades durante el proceso. O quizá sí lo hizo, depende de cómo se mire. Tras dos años de tratamiento con antidepresivos en el servicio de pediatría del hospital, alcancé la edad adulta y me trasladaron al servicio de adultos. Allí, una psicóloga con una honestidad y claridad sorprendentes me dijo que, si durante tantos años no habían sido capaces de ayudarme, ella tampoco iba a poder hacerlo, y por eso me dio el alta. En aquel momento fue un duro golpe encontrarme sola con todo aquello. Pero con el tiempo me di cuenta de que, si quería salir de aquel lugar, de aquel estado doloroso, solo podía hacerlo por mí misma. Era como ser una persona de ciudad que tiene que aprender a sobrevivir en una isla desierta.
Pasé por un sinfín de terapias y procesos, recorrí muchos caminos y me vi al borde de la muerte… pero en lo más profundo de mí siempre había algo, una pequeña luz que creía en la posibilidad de salir de allí y vivir algo diferente. Fue un viaje de más de una década, pero mereció la pena recorrerlo y luchar por salir de ese túnel oscuro, para poder vivir la vida hasta el día de hoy.
Un día descubrí que, si quería ser un cazador digno de respetarme a mí mismo, tenía que cambiar mi forma de vida. Me gustaba quejarme y llorar mucho. Tenía buenas razones para sentirme víctima. Pero entonces alguien me enseñó a cazar. (Explica que a los indígenas se les trata como a perros). Y me di cuenta de que quería cambiar mi forma de vida porque no merecía la pena vivir así.
Castaneda, 2017
De alguna manera, a mí me pasó lo mismo: Tenía motivos para sentirme víctima, pero tenía más motivos para merecer algo diferente a lo que me estaba dando a mí misma. Y al tomar conciencia de mi proceso, aprendí a respetarme a mí misma y a darme la oportunidad de liberarme de tanta opresión.
Un retiro budista me hizo reflexionar profundamente sobre lo que entendía de la muerte y lo que creía al respecto. La ley del karma me atormentó la mente durante días, ya que, desde la perspectiva de este linaje budista concreto, no tenía sentido considerar la muerte como una vía de liberación. Pero sí me ayudó a plantearme explorar la calma que buscaba en aquellos momentos del pasado en los que la angustia quería arrebatarme la vida.
Al explorar el estado que buscaba en esos momentos de crisis en los que fantaseaba con el suicidio, encontré en la muerte un estado de calma y vacío, en cuya esencia no hay nada que hacer. Era un estado de ligereza, en el que la mente estaba en calma y el tiempo se dilataba, y en el que, al mismo tiempo —y esto es lo más importante—, solo vivía el momento presente. Era una sensación de distanciamiento de la mente y el cuerpo.
A lo largo de los años y gracias a la perspectiva del «Processwork», he podido comprender que el patrón subyacente en la depresión o el suicidio es el de romper con la realidad consensuada, para poder acceder a otra forma de experimentarme a mí mismo. Este patrón está presente en mi sueño y forma parte de lo que aporto al mundo: la importancia de romper con esa realidad consensuada, dejar atrás las disputas y las luchas, y rendirse para que pueda surgir algo nuevo, para que algo pueda nacer. Tiene mucho que ver con desprenderse de la identidad, dejar que tu yo ordinario muera. Es abrirme a lo que se generará; es una visión chamánica, con lo que Castaneda define como detener el mundo para poder ver más allá.
Valoro muchísimo poder trabajar con el suicidio, poder escuchar el proceso que este ocultaba. El suicidio es un proceso que esconde la culpa y la vergüenza; es algo de lo que nadie quiere oír hablar ni hablar, porque nos da miedo. En mi caso, poder hablar de ello y darle espacio para procesarlo me ayudó a conectar con la vida. El suicidio enmascara un gran deseo de cambio, de transformación, de búsqueda de sentido y de libertad frente a una identidad en la que uno se siente atrapado, de conexión con algo más grande y con algo profundo de uno mismo. Y todos estos descubrimientos han tenido lugar al conectar con la esencia y al dejar de lado todo lo familiar, dando espacio a lo que surge del no hacer.
Creo firmemente que Si, como sociedad, diéramos más importancia a la muerte y a los procesos que la acompañan, podríamos conectar de una forma más saludable con la vida y con nosotros mismos. El hecho de que la muerte y el suicidio se consideren tabúes excluye una parte importante de la vida y de los procesos por los que pasamos.
Incluso Platón afirmó que la muerte no es un final catastrófico, sino más bien un punto de inflexión que conduce a un propósito superior […] Estar muerto significa todo menos no ser. Por el contrario, la muerte eleva, profundiza y transforma el ser. Estar muerto significa estar despierto, permanecer centrado en uno mismo sin el cuerpo, que nubla la verdad, distrae o confunde. La muerte profundiza la concentración y la interiorización del alma.
Han, 2002: 129
c) Sincronicidades
Es importante tener en cuenta los acontecimientos que nos suceden, ya que también aportan información sobre el proceso. Al principio del texto, mencioné dos acontecimientos importantes que tuvieron lugar el año pasado, cuando empecé este proyecto, y a los que ahora vuelvo para relacionarlos con el mito de mi vida.
Al principio mencioné que me había roto un hueso, lo que me dejó inmovilizado durante un tiempo. Desde una perspectiva chamánica, diríamos que algo vino y me dejó inmóvil, algo me detuvo. Pero esto me llevó a superar un gran umbral: el de entrar en un quirófano. Por primera vez en mi vida me entregaría sin tener el control, me anestesiarían y podría adoptar ese estado de ausencia que se da en el insomnio, el de la desconexión, de soltar el control y de la hipervigilancia. La necesidad de volver a bailar era mucho mayor que el miedo a la intervención; sin el movimiento sentía que algo en mi interior se estaba muriendo y no podía permitirlo.
Y no solo me entregué al papel de la desconexión, sino que, al asumir la fuerza que golpeó mi cuerpo y me tiró al suelo en el accidente, tomé la iniciativa de cambiar mi forma de vivir, de hacerlo de otra manera. De alguna manera, tomé las riendas, la iniciativa, en lugar de quedarme en el papel de víctima dominada por la depresión. Algo curioso que ocurrió fue que, esta vez, no huí de lo que me había pasado. Asumí conscientemente el dolor, la tristeza y la falta de autonomía sobre mi cuerpo, escuché sus mensajes y lo viví aceptándolo tal y como venía, sin regocijarme en ello, pero sin marginar lo que estaba ahí. Establecer esta nueva relación, en la que asumía la iniciativa de un nuevo camino y de lo que había sucedido, fue algo importante y determinante en mi proceso.
Cuando estás deprimido, todo se centra en la mente y en los pensamientos. Pero esta vez tuve una experiencia física adicional en la que, por primera vez, me sentí inmovilizado.
Para mí es importante volver a mencionar un segundo acontecimiento (con el que comenzó este viaje): el terremoto que sacudió mi cuerpo y mi vida para conectarme profundamente con mi ser y con el don de estar viva. La muerte volvió a aparecer como una guía en la vida. Y al conectar con la energía oscura del universo, ese gran desconocido, recuperé la capacidad de vivir conscientemente y en busca de la plenitud.
Aquel día me fijé en el vínculo que me une a la muerte, con el fin de aclarar y recordar una nueva forma de estar en la vida que ya no podía esperar más.
Piensa que no tienes tiempo y deja que tus acciones fluyan en consecuencia. Que cada uno de tus actos sea tu última batalla en la Tierra. No hay tiempo para la timidez. La timidez te hace aferrarte a cosas que solo existen en tu mente. La timidez nos impide analizar y aprovechar nuestra suerte como hombres.
Castaneda, 2017
Tenía la intención de viajar para disfrutar, pero el mundo tenía algo más grande reservado para mí. Y, sorprendentemente, a partir de uno de los momentos más angustiosos de mi vida, hoy en día todo este viaje cobra sentido. Y precisamente a partir de ese acontecimiento, que parecía estar a años luz del placer, pude descubrir uno de los placeres más profundos que jamás he sentido.
Eso ocurrió en dos momentos. Uno de ellos fue el momento en el que, de una forma muy profunda, me rendí ante la naturaleza, aceptando no poder hacer nada y entregando mi vida a lo que tuviera que suceder. Es una sensación muy profunda, similar a la que sentía cuando tenía los ataques de epilepsia, pero, sorprendentemente, esta vez el ataque no se produjo en mi cuerpo. Parecía que era la tierra la que tenía epilepsia, pero mi cuerpo, por una razón aún desconocida y a pesar de temblar durante horas, no llegó a tener convulsiones.
Esta vez, el acto de dejarme llevar tuvo lugar en otra dimensión, como un nivel de conexión con lo espiritual, donde una calma y una especie de luz se apoderaron de mi ser y me dijeron que todo iba a salir bien y que era hora de poner mi vida en manos de la naturaleza o del universo. Este es un instante que pude reconocer como placentero, en conexión con algo más grande, liberándome del control, entregándome a la vida.
Otro momento significativo en relación con el placer de aquel día fue despedirme de las personas que amaba en mi vida. Despedirme de esas personas, poder tomarme la libertad de expresarme sin ningún tipo de filtro y desde un amor muy absoluto, donde ya no existía polaridad, donde todo el dolor de la historia y todas las posibles heridas ya no tenían cabida. Me despedí de mis padres, dándoles las gracias por mi vida y pidiéndoles perdón por el dolor que les había causado en ciertos momentos. Y les dije sin miedo que los quería. Hice lo mismo con mi hermano. Y la conexión con todos ellos surgió desde un lugar de amor que no habíamos conocido antes, desde un lugar de gran belleza. Todos sabíamos que quizá aquellas fueran nuestras últimas palabras compartidas, pero nos esperaba una especie de paz inexplicable.
Aquella noche comprendí que el placer era algo diferente; que la palabra «significativo» adquiría un nuevo significado. Comprendí que El placer tenía nuevas facetas, podía ser de distintos tipos y podía surgir de los lugares más insospechados. Pero si había algo de lo que me di cuenta una y otra vez, era que el placer en sí mismo es algo que va y viene, que no podemos intentar controlarlo ni imponerlo. Que no nos pertenece como seres, sino que nos sorprende cada vez que la naturaleza así lo decide.
Una vez más, La muerte me aportó la sabiduría necesaria para conectarme con la vida.. Parece que, a veces, el patrón se repite antes de que podamos comprenderlo, y aparece en diferentes canales, en un intento por llegar a la conciencia. Tal y como dice la ley de conservación de la información, la información no puede perderse ni destruirse, por lo que el sistema seguirá enviando señales una y otra vez hasta que el sistema cambie. Y esta vez la información llegó a un nivel muy profundo, de modo que pudo producirse una transformación importante. Desde entonces, ya no se pudo volver a ver la vida desde el mismo punto de vista, y adquirió nuevos matices que nunca antes había visto, así como oportunidades sensoriales hasta entonces desconocidas.
7. Próxima parada: los silenciados dentro de la propia organización, el abuso
El silencio sobre el trauma también conduce a la muerte: la muerte del alma. El silencio refuerza el aislamiento que genera el trauma.29
Bessel Van Der Kolk
A medida que avanzaba mi tesis, surgieron nuevos aspectos, aspectos que inicialmente había decidido no incluir, pero que, debido a su evidente relación con el tema, no podían omitirse. El abuso sexual es uno de estos “aspectos” y hoy, al final de este recorrido, me doy cuenta de que lo determinante y limitante que ha sido el concepto de «abuso» en la forma en que he experimentado el placer.
Antes de continuar, siento la necesidad de rendir homenaje a la miríada de voces silenciadas, tanto del pasado como del presente. Dedico este capítulo a las mujeres de todo el mundo, a generaciones y generaciones que han llevado la represión grabada en sus células; hijas, madres, abuelas y bisabuelas que han sufrido las consecuencias de un sistema patriarcal que necesita controlar el cuerpo de la mujer como si fuera un arma poderosa.
El fuego que arde en las dimensiones social, psicológica y espiritual de la humanidad puede destruir el mundo. Pero también puede transformar los conflictos en una comunidad más fuerte. Depende de nosotros: podemos evitar el conflicto, o podemos intervenir en medio del fuego e intentar que no se repitan los errores más dolorosos de la historia del mundo.
Mindell, 2015: 18
Hoy “me siento en el fuego” para hablar del abuso, concretamente del abuso sexual y de todas las dinámicas que lo rodean. Haber sufrido abuso sexual ha sido una de las experiencias más dolorosas de mi vida y la que más ha marcado mi trayectoria vital. Hoy rompo mi silencio y traigo conmigo el abuso para, de alguna manera, devolverlo a la comunidad. Tras mucho tiempo trabajando en ello a nivel personal, Se lo devuelvo a la comunidad en cuyo seno ocurrió y que, por lo tanto, debería ser la encargada de asumir la responsabilidad.
Vivimos en una sociedad en la que una de cada cuatro mujeres ha sufrido abusos sexuales en algún momento de su vida, lo que también significa que existe un elevado número de agresores. Sin embargo, la sociedad que permite que esto ocurra no solo no lo sanciona, sino que además niega su existencia, restando así importancia al daño que causa. Casi el 70% de los abusos denunciados no han tenido consecuencias ni a nivel legal ni en el ámbito familiar o social. Al parecer, la voz que escucha los abusos y que debería asumir la responsabilidad por ellos se ve silenciada., una voz que podemos identificar como un “papel fantasma»30” en el marco de las creencias patriarcales.
Hasta hace poco no se hablaba del abuso; solo en la última década se ha empezado a poner nombre a este fenómeno y se ha convertido en un tema de debate público. Nuestra cultura sigue impulsándonos a ocultarlo. Hay mucho El sufrimiento, el dolor, la vergüenza y la culpa que se esconden tras las historias de maltrato, pero estas experiencias se viven en silencio y, más aún, el profundo impacto que tienen en nuestras vidas.
a) Mi historia: recuperación y superación del maltrato
Desde muy pequeña, el maltrato ha formado parte de mi vida, hasta tal punto que durante muchos años creí que era mi destino. Tenía la sensación de que algo estaba planificando mi vida, como si algún tipo de ser poderoso estuviera decidiendo por mí, colocándome una y otra vez en esas situaciones. No dejaban de repetirse y yo no conseguía entender por qué. Desesperada y confundida, intenté encontrar explicaciones y responsabilidades por lo que había sucedido. Me preguntaba qué estaba haciendo para provocar lo que me estaba pasando; era una lucha constante contra la culpa, la confusión y el deseo de entender por qué seguía ocurriendo una y otra vez.
Busqué ayuda en todo tipo de terapias diferentes para intentar liberarme de esa marca grabada en mi cuerpo que parecía atraerme hacia situaciones de maltrato. A veces sentía como si los hombres pudieran leer en mi cuerpo el permiso para volver a maltratarme. Suena una locura incluso mientras leo mis propias palabras, pero así es como lo sentía.
Recuerdo un suceso especialmente significativo relacionado con mi intento por comprender las señales que quizá estuviera transmitiendo.
Tras un tiempo de terapia, decidí irme de vacaciones; los días previos a mi partida me invadió el miedo a que me pasara algo. Recuerdo que mi terapeuta me dio una consigna para el viaje: debía marcar límites claros con cualquier hombre que se me acercara. En aquel momento no le hice caso ni creí en el poder de las señales que mi cuerpo podía emitir.
Llegó la primera noche y yo estaba hecho polvo por el jet lag; como se hacía la hora de acostarse rápidamente, mi amigo y yo buscamos alojamiento. Un hombre que alquilaba habitaciones nos ofreció un sitio. Tenía la intuición de que no era una buena idea, pero, como solía hacer por aquel entonces, ignoré esa sensación y decidí confiar en mi amiga, que parecía contenta con el plan. Esa noche, y por primera vez en mi vida, me puse tapones para dormir.
Mientras dormía, el hombre entró en la habitación. Cuando me desperté, confundida y presa del pánico, ya era demasiado tarde. No pude marcar ningún límite, por increíble que parezca, no me desperté a tiempo. Incluso ahora, las lágrimas me resbalan por la cara mientras escribo esto. Ese día lloré y lloré preguntándome cómo había podido volver a pasar esto; apenas habíamos intercambiado dos palabras, ¿cómo era posible que hubiera dado alguna señal o marcado algún límite? Aun así, de alguna manera, la historia había logrado repetirse.
Cuando ciertos problemas y experiencias se repiten una y otra vez, nos brindan oportunidades recurrentes para examinar cuestiones fundamentales. Cada vez nos aportan nuevas experiencias, significados y perspectivas. […] Sin embargo, cada vez que se repiten, traen consigo el potencial para el cambio y el crecimiento personal. Al igual que en los relatos míticos, el dragón no cambia, pero el héroe sí.
Diamond&Spark 2004: 149
Por desgracia, aquella vez no fue la última. Los abusos se repitieron algún tiempo después, como si aún tuviera que darme cuenta de algo más sobre el sistema. Pero aquella experiencia me aportó algo importante: decidí denunciar el incidente. Para mí, denunciar significaba recurrir a la sociedad y buscar su apoyo. Por desgracia, me encontré con una realidad que nunca habría imaginado. Me topé con un sistema que me culpaba y me señalaba con el dedo. En lugar de ofrecerme protección, escuchar mi dolor y hacer frente al abuso y al agresor (que ya figuraba como reincidente), favoreció la revictimización. Aunque el dolor y la impotencia por lo ocurrido fueron enormes, hubo algo importante: no me quedé en el silencio, sino que... Lo volví a introducir en el sistema. En ocasiones anteriores en las que había sufrido abusos, me había quedado callada, enterrando la experiencia en mi interior sin ser capaz de reaccionar ante ella. Pero esta vez dejé de culparme a mí misma y empecé a señalar con el dedo hacia fuera.
Unos años más tarde, y curiosamente durante otro viaje, recuerdo una situación que sí dio un giro nuevo y significativo a mi historia.
Me encontraba en un país desconocido, muy lejos de casa, donde solo llevaba unos días. Había ido a un seminario de «Processwork». No entendía el idioma, ni conocía la cultura ni las normas sociales. Entré en una tienda para comprar algo de comida. Era un pequeño comercio, aparentemente acogedor. Me mostré amable con el dependiente, aunque apenas nos entendíamos. De repente, el hombre cruzó el mostrador para entregarme la compra y se abalanzó sobre mis pechos. No había nadie más, era tarde por la noche y yo no entendía lo que estaba pasando. Se rió de mí mientras me manoseaba. Sentí miedo y mucha rabia. Recuerdo que me quedé bloqueada, paralizada y llena de impotencia, sin poder expresar esa rabia por lo ocurrido, tal y como ya me había pasado en todos los abusos que había sufrido anteriormente. Era algo sin importancia, e intenté restarle importancia, pero sentí que la herida se reabría y sangraba.
Al día siguiente, en uno de los ejercicios del seminario, trabajé lo que había sucedido. Me metí en la piel del agresor para conectar con su energía. Aprendí muchas lecciones de aquella situación. Lo más sorprendente fue descubrir lo mucho que necesitaba esa energía para ir hacia lo que quería y lanzarme a por ello sin pensar en los obstáculos. Ese hombre fue un maestro para mí, aunque, por desgracia, volví a tener que vivir una situación que me recordaba a mi historia. Pero ese descubrimiento, en aquel país remoto, fue una de las claves para dejar de vivir situaciones de este tipo.
Esa misma cualidad de avanzar hacia lo que uno desea, con determinación y desapego, también estaba presente en mi “sueño de la infancia”. En ese caso, eran los ladrones quienes canalizaban esa energía, mientras buscaban algo dentro del cuerpo de mi madre.
Llevo muchos años reflexionando sobre este tema, trabajando en diferentes aspectos. He sido capaz de relatar los hechos dando cabida al dolor, la ira, la rabia y otros sentimientos. He dialogado con mis críticas y mis sistemas de creencias. He trabajado con el cuerpo para descongestionarlo y expresar el dolor. Y he trabajado con las consecuencias en el presente. Pero algo fundamental ha sido poder trabajar poco a poco en los diferentes roles y explorar las energías que estos esconden.
Menken (2013) habla de 4 roles que están presentes en cualquier historia social: víctima, opresor, observador y facilitador. En los casos de abuso sexual, están presentes los dos primeros roles; a veces, también puede darse el papel de observador. No puedo imaginarme el papel de facilitador en este tipo de abuso, más allá de un posible seguimiento tras los hechos.
En el Processwork no tenemos una definición estricta de lo que significa ser un facilitador. En términos generales, el facilitador es la persona que señala y enmarca lo que está ocurriendo, acompaña a las diferentes partes para ayudarles a trabajar en sus diferencias o conflictos, facilita que se escuchen las diferentes voces y sentimientos, etc. Es una figura que, evidentemente, estaba ausente en mi historia, salvo en lo que respecta al acompañamiento a la hora de trabajar el trauma. Pero fue gracias a emprender este viaje que Mi facilitador interno ha encontrado su lugar para poder atender y facilitar las polaridades., y así aprender a extraer el mensaje útil de lo ocurrido. Para ello, ha sido muy importante saber acoger a las diferentes partes sin juzgarlas, con una mente abierta y principiante, con curiosidad, compasión… y todos esos elementos que se metieron en la maleta al comienzo del viaje.
Durante este proceso de sanación he recorrido los diferentes roles que solía nombrar, algunos más familiares y vividos que otros. Durante años me identifiqué (e incluso me sobreidentifiqué) inconscientemente con el papel de víctima. Me había puesto el vestido de víctima y, como tal, respondía ante muchas situaciones en las que se daban relaciones de poder. Y cuando me lo quitaba, no sabía cómo ponerme otra ropa. Lo conocía bien y me quedaba bien, parecía hecho a medida y me sentía cómoda. La clave para cambiar esta situación ha sido darme cuenta de quién está reaccionando en cada momento. Y tomar conciencia de los momentos en los que volvía a ponerme el mismo vestido. Y confiar en que otras prendas y otros conjuntos también pueden adaptarse a mi cuerpo, ayudándome a generar una nueva identidad.
Por mucho que te guste compadecerte de ti mismo, tienes que cambiar eso. No encaja con la vida de un guerrero.
Castañeda, 1972: 161
Desde el punto de vista del «Processwork», diríamos que mi proceso primario también tenía un lado más marcado. Tenía ciertas reticencias a identificarme conscientemente con el papel de víctima en la situación, desde la experiencia de la víctima del abuso. Por lo tanto, traspasar el límite y asumir el papel con mayor conciencia fue una parte importante del proceso de trabajo sobre el abuso sufrido en el pasado. Escuchar a la parte que es víctima y darle el espacio que le corresponde. Y ser capaz de reconocer los abusos como tales, ya que antes tendía a minimizar lo ocurrido y, sobre todo, a culparme por ello. Incluso al escribir esto, la culpa ha estado presente en algunos momentos, impidiéndome sentirme con la legitimidad necesaria para hablar de los abusos.
Identificarme con el agresor o el maltratador también ha sido complicado. Me ha llevado tiempo, sobre todo abordar las situaciones de maltrato y verme a mí misma como agresora. Pero me ha resultado más fácil abordarlo desde el punto de vista de mi voz crítica interna. La dificultad de verse a uno mismo como agresor parece ser un proceso similar al de la sociedad o la cultura, que, de alguna manera, se niega a aceptar la crueldad de la realidad.
Negamos la capacidad que tenemos, como seres humanos, de utilizar y maltratar a nuestros hijos e hijas y a nuestras mujeres para perpetuar el orden patriarcal en el que vivimos. Cuando negamos esto, excluimos los hechos y vivimos las emociones que nos definen.
Darder, 2018: 42
Sin embargo, en mi vida he desempeñado el papel de agresor. A menor escala que el sufrimiento que me causaron los maltratos que recibí, pero con la misma esencia. Tampoco he sabido gestionar el impacto que eso generaba en ocasiones, cegado por el poder y sin tener en cuenta los límites de la otra persona. Es algo humano, pero no tolerable. Tenemos mucho trabajo por delante, tanto a nivel individual como social, para crear conciencia sobre el uso que hacemos del poder.
Al trabajar sobre la figura del atacante, el agresor o el maltratador externo, he podido conectar con mi capacidad para protegerme, con mi fuerza y con mi poder., gracias a mi capacidad para establecer límites y encontrar mi libertad.
También ha sido interesante desempeñar el papel de observador, como una figura que, desde fuera, es testigo de lo que ocurre. He descubierto que se trata de una figura que debo tener presente y a la que debo conceder más espacio y entidad. Es como un ojo que observa y, cuando la exploro, me proporciona distancia emocional y física, conservando la intensidad y permitiéndome recabar información del terreno. Esta figura resultó ser como la imagen que surgió del proceso de insomnio, que califiqué como una «metamirada protectora» (página 38: Imagen 3).
Ser capaz de asumir cada uno de los distintos roles y descubrir qué parte de mí misma se manifiesta en las diferentes situaciones de mi vida cotidiana Han sido pasos importantes hacia la sanación y para sentirme más a gusto con mi pasado y mi presente, tanto en las relaciones como en el mundo. A su vez, las experiencias y los sentimientos que antes me hacían sentir marginada han reducido la polarización de mi entorno. He prestado más atención a lo que ocurre en mi vida y, en consecuencia, he ido percibiendo menos abusos externos.
En este proceso de superar el trauma y escribir sobre él, Ha sido fundamental aceptarme tal y como soy en las diferentes etapas, tanto en lo que respecta al agresor como a los propios abusos. Para poder trabajar con la energía del agresor, primero tenía que ser la víctima. Convertirme en ella y ocupar mi lugar y mi dolor, para luego poder pasar al otro lado y escucharlo. Y, al mismo tiempo, aceptar que no se trataba de un proceso lineal, en el que a menudo revivía sensaciones y sentimientos que creía haber superado ya y que exigían una nueva atención. Era un flujo entre las fases y, a su vez, pude observar cómo me veía atrapada más fácilmente en algunas que en otras.
Solo cuando me he permitido expresar mi enfado he sido capaz de superar mis propias heridas y frustraciones, tanto presentes como pasadas, y darme cuenta de que, en realidad, nadie es culpable y de que todo el mundo necesita despertar, igual que los demás.
Mindell, 1995: 57
Es fundamental abordar el trauma a nivel personal, pero también es necesario hacerlo a nivel relacional y global. Es importante poder trabajar a distintos niveles con el fin de transformar a la humanidad.
Tenía dos experiencias de sanación en mi proceso, tanto a nivel relacional como a nivel global. Por un lado, fue hablar con alguien que se identificó como agresor. Esto me permitió concluir la interacción algo que nunca había ocurrido antes, para poder superar más tarde mi papel de víctima y convertirme en superviviente. Pude conversar, ser escuchada y reconocida por una persona que había desempeñado el papel de agresor y que aceptó el dolor que había causado. Y la segunda fue en relación con el mundo, en un evento de «Processwork» en el que realizamos un proceso grupal sobre el abuso sexual. Fue sanador poder reconocerme públicamente, en un entorno seguro, como víctima y, más tarde, como superviviente. Sacar a la luz ese doloroso secreto y para la comunidad fue liberador. La herida que se había producido en la sociedad volvió a ella, de modo que, como sociedad, todos asumimos una parte de la responsabilidad.
Además de los roles ya mencionados, en el ámbito del abuso sexual también se dan muchos otros. Uno de los que he utilizado y sobre el que he reflexionado ha sido el del cuidador o protector. Un rol que estuvo ausente en mi experiencia, tanto a nivel externo como interno. En mi proceso no había nadie que cuidara de mí ni que quisiera ver la herida. Lo que yo quería era que se curara y desapareciera, que se borrara de mi cuerpo. Pero el abuso se renueva cuando me olvido de mi cuerpo, cuando me desconecto de él porque contiene demasiado dolor. Ha sido un trabajo importante observar cómo se manifiesta el papel del “protector” en el momento presente.
Nadie quiere recordar un trauma. En este sentido, nuestra sociedad no es diferente de las propias víctimas. Todos queremos vivir en un mundo seguro, manejable y predecible, y las víctimas nos recuerdan que no siempre es así.
Van der Kolk, 2015: 221
Esta cita de Van der Kolk me recuerda a la teoría holográfica. Según esta teoría, Lo que observamos en la comunidad es un reflejo de lo que vivimos en nuestra vida privada, y viceversa. Mi convicción en esta teoría me llevó a querer trabajar en los diferentes roles que hay en mí: son aquellos que también viven en el mundo exterior y con los que tendré que interactuar y negociar.
Cada relación, interacción y experiencia es una nueva oportunidad para aprender sobre los límites y el respeto hacia mí misma. Son etapas de este viaje mítico. Y en ellas, ahora veo la sensación de fracaso, de cuando la historia se repitió, como un paso más hacia la liberación de una cicatriz que sentía que me marcaría de por vida. Quizá nunca pueda borrar esa marca de mi cuerpo, pero sé que se convertirá en una especie de tatuaje que me recordará la importancia de cuidar de mi ser, de mi cuerpo y de mi alma.
Cuando te dejas llevar por este trabajo y permites que te sacuda hasta lo más profundo, puede ocurrir algo extraordinario. Empiezas a darte cuenta de que todas las situaciones imposibles son también tus grandes maestras.
Mindell, 1995: 58
A pesar de que aún arrastro muchas heridas o lesiones simbólicas, hoy en día puedo hablar de ello y siento que haber pasado por todo lo que he pasado me convierte en quien soy. Por supuesto, no elegiría haber vivido lo que viví, eso es impensable. Pero sí que me quedo con lo que he aprendido de ello, considero esas experiencias como maestras y conecto con la gran necesidad de cuidado y de autocuidado. Todavía hay algunas de esas situaciones que, a pesar de haber tomado distancia y de ver el proceso en su conjunto, me cuesta aceptar por completo sin sentir cómo me llora el corazón.
A veces, hacer todo este trabajo y escribir sobre el trauma me ha desestabilizado por dentro. He necesitado tomar conciencia y volver a mi centro. He decidido atravesar el dolor de la experiencia para poder asimilar lo que he vivido, conectar con mi ser y acogerlo en su totalidad. Y yo también lo tengo Un sueño para el mundo: que algún día, como sociedad, seamos capaces de aceptar y asumir lo que generamos., siendo más fieles a lo que somos. Sueño con despertar de esta hipnosis colectiva en la que vivimos.
Al cerrar este capítulo, me he preguntado: “¿Qué supone para mí la experiencia del abuso sexual?”. Y he conectado con una sensación que ocupó mi cuerpo durante mucho tiempo: la sensación de vacío en el cuerpo, como si me hubieran extirpado todos y cada uno de mis órganos. Al escribirlo, me doy cuenta de que esa es la reacción o el sentimiento que tuve tras sufrir el abuso. Y el acto de abusar sexualmente consiste en ejercer tu poder sobre un cuerpo ajeno y tomar lo que quieres. Llevarlo a cabo hasta el final, sin pensar más allá de tus propias necesidades y deseos.
Si tuviera que encontrar la clave mágica en el abuso que me permitiera curarme de él, sería mi capacidad para seguir adelante al máximo., y aprovechar mi capacidad para escuchar mis necesidades y mis deseos con cuidado, amor y autoestima.
b) La huella en el cuerpo
El abuso sexual tiene consecuencias emocionales. En mi caso, me provocó dolor, ira, necesidad de control, culpa, desconfianza, asco hacia mi propio cuerpo, rechazo hacia la sexualidad o hacia la figura masculina, miedos… Y muchas de estas emociones persisten a lo largo de los años, aunque las experiencias de abuso pertenezcan a un tiempo pasado. Del mismo modo que las emociones quedan atrapadas, todas las experiencias y sensaciones físicas vividas también quedan grabadas en la memoria corporal.
Y tratamos de borrar, olvidar, dejar de lado… en un intento por superar el insoportable dolor físico que nos provocan nuestras emociones.
Hacemos todo lo posible por hacer desaparecer esas sensaciones terribles, ya sea aferrándonos desesperadamente a otra persona, volviéndonos insensibles a las drogas o al alcohol, o cortándonos la piel con un cuchillo para sustituir las emociones abrumadoras por sensaciones definibles.
Darder, 2019: 235
Durante años he criticado mi forma de vivir la vida, marcada por la intensidad. Era una crítica interna, pero también recibía comentarios al respecto por parte de mi círculo social, lo que agravaba mi sentimiento de culpa. A menudo tenía la sensación de estar muerta si no ocurrían cosas emocionalmente intensas. Pero esa intensidad emocional venía acompañada de una intensidad física, en la que mi cuerpo gritaba, agonizando a causa de ataques de epilepsia, fuertes dolores de cabeza, angustia…
Hay estudios que señalan que tanto el abuso como el maltrato dejan una huella química en el cerebro y que, por lo tanto, se reflejan en la modificación de los genes, una modificación que conduce a una mayor sensibilidad al estrés de la propia vida, dejando a la persona indefensa ante la depresión y la impulsividad, debido a una baja concentración de serotonina, lo que, por consiguiente, la hace más vulnerable al suicidio. (Darder, 2018: 208, parafraseado)
Para mí ha sido importante saber que, a nivel cerebral, existen razones neurológicas reales por las que las personas que han estado expuestas a grandes dosis de adversidad son más propensas a adoptar conductas de alto riesgo.
Muchas personas que han sufrido traumas parecen buscar experiencias que a la mayoría de nosotros nos repugnarían. Además, los pacientes suelen quejarse de una sensación de vacío y aburrimiento cuando no están enfadados, bajo presión o realizando alguna actividad peligrosa.
Van der Kolk, 2015: 34
Leer sobre las consecuencias del maltrato a nivel físico, emocional y relacional, en palabras de otras personas, y sentirme identificada con ellas, ha sido un proceso intenso, doloroso pero liberador. En mi interior intuía que mis síntomas crónicos estaban relacionados con ello, pero leerlo en palabras de otras personas fue un duro golpe para mi cuerpo. Por un lado, sentí una profunda tristeza al ver la carga que suponen los abusos. Pero, por otro, comprender la historia, la sintomatología y la forma de vivir me tranquilizó y me liberó de mis prejuicios. Sea como fuere, La comprensión da lugar a otro ser en el mundo, menos agresivo y más amistoso.. Contar la experiencia ayuda a tomárselo con más calma.
El trauma bloquea y disocia a la persona. Los abusos me llevaron a vivir desconectada de mi cuerpo, al que solo prestaba atención cuando me dolía o cuando entraba en estados alterados. Me convertí en esclava de mi mente, respondiendo siempre a sus expectativas. No escuchaba la información que mi cuerpo me transmitía para conectar con mi verdad. Por eso ha sido una forma maravillosa de poder volver a las sensaciones y a sentir, volver a conectar con mi naturaleza, dar rienda suelta a mi intuición y aprender a querer mi cuerpo y a mí misma.
El maltrato queda grabado en el cuerpo y, para poder soportar todo esto, lo bloqueamos, evitando los sentimientos, tanto los negativos como las experiencias más positivas. Es decir, bloqueamos cualquier sensación de placer.
Si volvemos a mi “Sueño de infancia”, podemos ver cómo la figura del sufrimiento la encarnaba la niña, que vivía con miedo. Esto contrasta con la figura de la madre, que, a pesar de ser abierta y de ser «atacada», parecía no estar conectada con el dolor. En estas dos figuras se observa una polaridad en lo que respecta a la sensibilidad. Esta dualidad entre sensibilidad e insensibilidad ha sido una dinámica muy presente En mis experiencias de abuso: para sobrevivir al dolor emocional y físico, aprendí a insensibilizarme y a desconectarme de mi cuerpo para evitar el sufrimiento.
Durante muchos años, la idea de enfrentarme a una relación sexual me aterrorizaba. Por un lado, la sociedad me había hecho creer que la sexualidad era placentera. Por otro, para mí la sexualidad representaba un peligro y ocupaba un lugar de sufrimiento y dolor, tanto físico como emocional. Y el mecanismo de supervivencia que encontré, tanto en los abusos como en las relaciones que elegí, consistía en salir de mi cuerpo, desconectarme, evitarme a mí misma, para evitar el sufrimiento. Separar el cuerpo de los sentimientos. Tanto para el placer como para el dolor. El cuerpo se había convertido en un recipiente inerte.
La falta de respeto hacia mi propio cuerpo y mi experiencia traumática, junto con la marginación social que rodeaba al trauma (especialmente en el ámbito sexual), alimentaron mi dolor durante muchos años. Esto me definió como un ser defectuoso que no sabía disfrutar de lo que popularmente se vende como placer sexual.
Con el paso de los años, he aprendido a respetar mi cuerpo y a respirar en él y, al mismo tiempo, a tomar decisiones por él e incluso a dar el paso de elegirlo y habitarlo.
En este sentido, el trabajo terapéutico ha sido fundamental, pero sobre todo el trabajo corporal para volver a conectar con las sensaciones y redescubrir el cuerpo. Al principio del artículo hablaba de cuando estuve inmovilizada durante semanas en una silla de ruedas y de cómo allí conecté profundamente con mi naturaleza en movimiento. Hoy soy consciente de que, para mí, la danza y el movimiento han sido clave para no perder la conexión con mi cuerpo.
Para poder conectar con el placer, es importante ser capaz de procesar y sanar el historial de abusos. Al menos, así fue en mi caso. Ha sido fundamental hablar de ello, relacionar y reconstruir las historias para descongestionar el cuerpo. Buscar puntos de vida y luz. Salir del modo de supervivencia, dejar de aislarme y, sobre todo, y esto es muy importante, recuperar la capacidad de sentir. Y poder ofrecerme, poco a poco, experiencias de seguridad, de placer, de cuidado, para que este cuerpo aprenda que puede empezar a abrirse a los sentimientos sin miedo a las amenazas. Es un camino de reaprendizaje y confianza.
Volver a confiar en la vida, volver a ver los colores de las cosas, apreciar los pequeños detalles y no estar sumido en una especie de manía persecutoria, hipervigilancia constante y miedo a ser atacado.
Trabajar con casos de trauma y abuso sexual es una labor larga y lenta. No sé si en algún momento de mi vida sentiré que la cicatriz se ha curado, pero no me queda otra opción que seguir cuidándola y dándole cariño, para que cada día pese menos en mi cuerpo y, por lo tanto, en mi vida.
8) Opresión interiorizada, sistemas de creencias y maltrato

Parece que, en las personas que han sufrido abusos sexuales, es muy habitual que una de las repercusiones o consecuencias sea que desarrollemos una voz interior muy crítica y abusiva, ya que reproducimos el patrón que hemos aprendido.
Cuando se vive durante tantos años con ese tipo de crítica interna, esta se arraiga tan profundamente en el sistema de creencias que resulta difícil distinguir lo que es abusivo de lo que no lo es, lo que da lugar a una relación opresiva con uno mismo.
He vivido mucho bajo la influencia de mi voz crítica y me he dejado controlar por ella. Llegué a un punto en el que me odiaba a mí misma y a mi cuerpo, y sentía repugnancia y desprecio por mí misma… Es fácil oprimirse a una misma cuando llevas toda una vida haciéndolo, y es difícil darse cuenta de cuándo está ocurriendo para poder establecer límites.
En los casos de maltrato, se pierde la capacidad de decir «NO», ausente. Negociar con los propios límites es complicado, ya que no hay un patrón saludable que seguir y es fácil volver a caer en el autoabuso. Al escribir este capítulo, la metahabilidad de no exigirme demasiado ha sido fundamental, ya que el papel de quien ejerce presión está muy presente en este tipo de dinámicas. Tuve que recordarme a mí misma que no tenía por qué pasar nada y que necesitaba constantemente renegociar mis límites con el fin de evitar que se repitan los abusos.
En cuanto a consentimiento, tuve que trabajar en ello desde dentro, en mi diálogo interno. Ha sido un equilibrio y una negociación entre una parte de mí que lucha por escapar del papel de víctima y otra que necesita protección. Si estuviera trabajando con un cliente, tendría que prestar mucha atención a sus reacciones, pero en mi caso tengo que estar muy atenta a mis propias señales.
A lo largo de los años, así como durante este viaje, mi sistema de creencias ha evolucionado. Ahora es más flexible, fluido y menos crítico. Pero aún hay algunas voces críticas interiorizadas que son difíciles de detectar y detener. A medida que he ido desarrollando mi proceso secundario, este ha evolucionado y se ha integrado en mi identidad, lo que me ha permitido llegar al metacomunicador. Ser capaz de tomar conciencia, desde una observación distanciada, ha sido un aspecto muy importante para poder detener al opresor interior. Ha sido revelador reconocer en mi psicología interna el patrón abusivo que anulaba partes de mí mismo. Aprecio leer mi propia historia y siendo consciente en todo momento de quién lo estaba escribiendo.
En mi vida, el crítico se había convertido en el director que definía lo que sucedía. Se había hecho con el poder y las riendas, se había apoderado de mí, y todo mi ser obedecía lo que él decía, dejando que muchas partes de mí quedaran marginadas e invisibles.
Al trabajar en mi opresión interiorizada, pude distinguir las distintas voces como si fueran un grupo, y he llegado a conocer a algunos que se habían quedado en silencio. Gracias a esto, me siento más libre y menos propensa a la depresión.
Para poder afrontar esta opresión, tuve que darme cuenta de que tenía una teoría preconcebida, una historia sobre mí que me he inventado y que he asumido y que, con bastante frecuencia, patologiza mi experiencia.
Prestar atención a la relación entre las voces internas y externas ha sido fundamental para poder detectar cuándo las cosas se me van de las manos y entender por qué. Esto pone de manifiesto que somos a la vez víctimas y artífices de nuestra propia historia y, al mismo tiempo, que tenemos el potencial para liberarnos de ella. Ser conscientes de lo que nos oprime es un gran paso hacia la liberación.
Al desarrollar el metacomunicador y distinguir entre las diferentes voces, he observado una tendencia a descartar las cosas positivas que digo o hago, quedándome solo con lo negativo. Es como ver el vaso medio vacío. Ha sido un ejercicio para darme cuenta en el momento en que ocurre y tomar conciencia de ello, de modo que, en cierto modo, la experiencia se vuelva más democrática.
Como ya se ha mencionado anteriormente, experiencias de exclusión y marginación forma parte del patrón. He ignorado mis miedos y he invalidado mi intuición porque consideraba que ellos eran el origen de la represión. Por ejemplo, cuando tenía miedo de ir a algún sitio, no dejaba que el miedo me detuviera. Cruzaba el límite con la convicción de que, si dejaba que el miedo ganara, nunca sería capaz de disfrutar. Interpretar el miedo como algo represivo y no prestarle atención me hizo perder la información que me estaba transmitiendo. Además, ignorar las señales me llevó a situaciones de abuso. Por eso me parece importante recordarme a mí misma que debo confiar en mi cuerpo y en la forma en que percibo la experiencia a través de mis sentidos.
Exactamente el mismo proceso de marginación se produjo cuando fui al neurólogo y le expliqué mis episodios de epilepsia. Él marginó mi experiencia negándola y anteponiendo sus conocimientos en orden de importancia, lo que me generó confusión y dolor. El médico tiene su teoría, pero yo tengo mi verdad. La parte de mí que cree en lo que he vivido es a la que tengo que dar voz, la que necesita apoyo. Esta es la parte intuitiva y no dualista de la experiencia. Tengo que confiar en la sensación y seguir adelante; de lo contrario, se convierte en una fuente de sufrimiento y confusión que puede conducir a estados de malestar. Seguir mi propio camino será profundamente gratificante.
Se produce un proceso similar al del miedo mencionado anteriormente cuando lo que podríamos llamar la tiranía del niño interior Aparece. Una parte toma el protagonismo, exigiendo lo que quiere y sin dejar espacio para nada más. Solo están presentes las necesidades de esta parte, que adopta una actitud fascista y eclipsa al resto. Cada vez que esto ocurre, tengo que recordarme a mí misma que debo darme espacio para poder escuchar con atención más allá de esta parte tan imponente.
Cuando hay antecedentes de maltrato, es importante prestar atención al uso del poder, ya que se ha abusado de él causando sufrimiento y dolor. Esto crea un patrón poco saludable. Por eso, debemos ser conscientes de que no estamos reproduciendo el maltrato, ya sea interno o externo. Es importante encontrar nuevas formas de gestionar y compartir el poder. Para mí, esto supuso un gran esfuerzo. Hubo momentos en los que, con figuras masculinas, me veía envuelta en la lucha contra el maltrato. O cuando sentía miedo y establecía límites, estos eran duros y rígidos, sin ser consciente del impacto que estaba causando.
También es cierto que haber sufrido abusos y haber sobrevivido a ellos puede conducir a un gran conocimiento y al desarrollo de la empatía, la asertividad, la conexión con lo que uno desea y una comprensión profunda de la naturaleza de la vida… Es un poder que en el Processwork denominamos “rango psicológico».31”. Se puede desarrollar trabajando en uno mismo para superar el impacto de la experiencia de abuso.
Esta toma de conciencia puede generar placer. Y para mí es placentero cada vez que la comparto y enriquezco el ámbito. Además, cada vez que doy un paso adelante en la sanación de estas heridas, cada vez que establezco un límite para cuidarme y cada vez que me acerco a patrones de relación saludables. Este poder también resulta placentero cuando acompaño a otras personas en sus propias historias de abuso y tengo la sensación de que se sienten comprendidas. Es en estos momentos cuando todo merece la pena, cuando la experiencia deja de sangrar y empieza a arrojar luz y a sanar.
El maltrato provoca heridas profundas que requieren tiempo para curarse. Esto provoca aislamiento y soledad porque, incluso hoy en día, estos temas siguen siendo tabú y no se debaten abiertamente. Por eso es tan importante para mí dar voz a lo oculto, a lo marginado, y ponerle nombre en público, por muy aterrador que resulte. Además, se trata de hablar abiertamente sobre las consecuencias del abuso y cómo afectan a una gran cantidad de aspectos de la vida que se ocultan en silencio. En cierto modo, compartir mi experiencia supone tender la mano a personas que han vivido situaciones similares y hacer que se sientan menos solas y más apoyadas.
9) Lo inesperado en la carretera
a) “La vida es lo que ocurre mientras estás ocupado haciendo otros planes”, John Lennon
Seguir el flujo del proceso también implica dejarse llevar por lo que ocurre en un momento dado, en lugar de resistirse a ello. Esto no significa simplemente dejar que las cosas sucedan, ni aceptar pasivamente la opresión o el daño. Significa que, cuando surge un obstáculo o una dificultad, lo afrontamos para descubrir qué cambios nos depara ese reto. Se trata de una actitud espiritual que busca descubrir cómo nuestro ser más íntimo se sintoniza con todo lo que surge en la vida cotidiana y cómo esto evita que nos convirtamos en víctimas de nuestras experiencias.
Diamond y Jones, 2004: 19
Inspirado por este párrafo, me doy cuenta de lo importante que ha sido hacer pausas a lo largo del proceso de escritura para observar lo que ocurría con cada letra, con cada palabra y con cada frase. El hecho de haber seguido las señales me ha servido de guía para obtener información y, sobre todo, para evitar ser víctima de mi propia experiencia y no marginarme a mí misma a lo largo de este viaje. Dejarse llevar implica seguir lo que surge, y eso forma parte de la conexión con el placer, con estar cerca del proceso y de lo que este pone de manifiesto: límites, críticas, obstáculos, ritmos distintos, descubrimientos, …
Por paradójico que pueda parecer, esto Este peregrinaje de placer ha sido un camino difícil, angustioso y lleno de sufrimiento. Sin embargo, en ningún momento me arrepiento de haber decidido emprender este viaje. Este viaje se ha vuelto más llevadero a medida que me voy descubriendo a mí misma en él, estableciendo una relación más estrecha con el proceso. Esto me ha ayudado a reconectar y Dame un espacio para vivir dentro de mí mismo de una forma diferente, con la presencia de aspectos que antes quedaban marginados o silenciados debido a la opresión interiorizada.
Llevo aproximadamente un año escribiendo y explorando. He pasado por diferentes etapas que exigían ritmos e implicaciones distintos, y ha sido importante respetarlos. Tras meses escribiendo, recuerdo haberle dicho a mi tutor, muy satisfecho, que las palabras me salían con mucha fluidez. Su respuesta fue que no siempre iba a ser tan fácil, y que llegaría el momento en que tendría que escribir sobre los límites que surgirían. Escuchar eso me enfadó y me entristeció. Para mí fue una sorpresa estar disfrutando de la escritura, y al oír eso, todas mis críticas se cristalizaron en este aspecto. Me bloqueé de tal manera que fui incapaz de escribir ni leer durante 40 días, sintiendo una relación muy distante con el placer. Al volver al trabajo tras ese tiempo, las letras y el sentimiento de mi tesis comenzaron a cambiar. Cuando leí la primera frase, se me llenaron los ojos de lágrimas. Había tristeza y dolor entre cada línea, y yo lo había estado marginando bajo la imposición de mi sueño superior. Me había convertido en esclava de un sueño superficial y de las apariencias, llamado “placer”. Aprendí que Hablar de placer era también hablar de dolor, tristeza, dificultades… de lo que fuera que hubiera en ese momento y necesitaba tomarme un respiro. Algo que fuera más allá de lo que siempre había entendido por “placer”.
Es interesante observar cómo hubo algunas etapas en las que me quedaba bloqueado, sintiéndome incómodo con el proceso durante semanas. En otras ocasiones, las palabras fluían como si me deslizara sin resistencia por un río río abajo. El capítulo sobre la evolución histórica del placer fue complicado y había innumerables críticos a mi alrededor que comentaban mi escritura. No sabía cómo disfrutar de esa sección, y me di cuenta de que en realidad no quería escribir sobre ello porque no era lo que realmente me interesaba. Lo hice influenciado por un sistema de creencias que me imponía la necesidad de ser más racional o un capítulo teórico.
Cuando empecé a hablar sobre el abuso y el trauma, sentí la necesidad consciente de frenar un poco el proceso, respirar y ir poco a poco. Tenía que ser consciente de que, a menudo, cuando se produce un abuso, todo ocurre muy rápido, de forma inesperada, y no tenemos mucho tiempo para reaccionar. Y para poder hablar de ello, tuve que para darme el espacio necesario para sentir y no ignorar las señales que estaban ocurriendo, para no repetir el abuso. Ha requerido mucha honestidad conmigo misma y estar atenta a cada momento. Podría decir que escribir sobre el abuso, a pesar de ser doloroso a veces, ha sido agradable. Esto se debe a que me ha permitido vivir la cualidad de estar muy conectada y cerca de mi esencia, con la sensación de sanación, autocuidado y liberación.
Otros capítulos, como el que trata sobre el sueño de la infancia o la opresión interiorizada, me han fascinado. He podido adentrarme en ellos y descubrir nuevas realidades, como quien se adentra en un bosque y se sorprende ante cada ser o detalle que conforma el paisaje. En estos capítulos, surgió la creatividad, lo que abrió un amplio abanico de posibilidades y un mayor placer por la exploración.
No obstante, no ha sido fácil dedicar espacio y tiempo a esta exploración, a pesar de haber decidido inicialmente que iba a ser uno de los pilares de este viaje. Me influyó el sistema de creencias que me dice que estoy perdiendo el tiempo si, en lugar de escribir, empiezo a dibujar, a mover el cuerpo o a crear esculturas en relación con el proceso. Me llevó muchos meses ser capaz de utilizar el arte y el cuerpo, y fue entonces cuando realmente disfruté del viaje. El movimiento y la creatividad son fundamentales en mi naturaleza. Pero a menudo la razón y la productividad, como roles respaldados por la cultura dominante, apoderarse de mi ser y separarme de lo que me llena de vida.
El tiempo ha desempeñado un papel muy importante en mi proceso de escritura. Los griegos tenían dos palabras para referirse a ello: “Kronos” y “Kairos”. Para mí ha sido importante comprender la diferencia entre ambas. Cronos mide el tiempo de forma lineal, en términos de cantidad y productividad, y me bloquea en muchos momentos en los que siento que no estoy “conseguiendo lo suficiente” según mis expectativas. Por otro lado, Conectarse con Kairos, el ahora, el presente eterno, me permite olvidar la noción de minutos y horas, y sumergirme en la experiencia, como si me zambulliera entre las letras, las vivencias y los conceptos. Es en este tipo de tiempo donde Me siento “presente en el presente”, donde tengo la sensación de “aprovechar” el tiempo y de aprender y progresar en el proceso.
Cualquier otro tipo de tiempo, aquel en el que uno no está en el presente, supone una pérdida en términos vitales, porque en él no hay presencia. La pérdida de tiempo se produce cuando no hay sucesión, cuando estamos estancados y atrapados, existiendo en un tiempo lineal; básicamente, caminamos sin movernos de sitio, sin avanzar en ningún sentido en lo que respecta al desarrollo del alma.
Almaas, 2002: 186
Este “caminar sin moverse del sitio” me recuerda a la imagen de un hámster dando vueltas en una rueda sin avanzar. Para mí, esos momentos son lo más alejado que hay del concepto de placer. En el Processwork podríamos decir que estamos dando vueltas en torno a un límite. Esto me pasó con la escritura cuando realmente no me entregué a la experiencia de lo que estaba escribiendo.
Almaas explica que la vida se compone de una sucesión de momentos de presencia en el “ahora”, de estar presente en el presente. Habla de lo que es el «tiempo real del individuo», de la vida real. Según mi experiencia, este tiempo real es con lo que consigo conectar cuando hablo de placer.
Para mí, el placer son esos instantes de presencia, de sensación y de conexión con lo que estoy haciendo o viviendo., ya sea a través de la relación con el otro, o a través de mí mismo cuando como, toco o me tocan, etc. Va más allá de si algo es agradable o no por el mero hecho de ser eso. Tiene que ver con cómo lo vivo o lo experimento, un “actitud emocional” hacia la vida, hacia las cosas, hacia los hechos y hacia las relaciones… Y esta actitud ha sido fundamental y la que ha cobrado sentido a la hora de redactar esta tesis, siendo tan importante como los temas tratados.
A mitad de camino, descubrí que detalles lo que me permitía deslizar los dedos por el teclado con fluidez: escribir en lugares preciosos en plena naturaleza, disfrutar de la compañía de la música, darme espacio para detenerme y sentir, dibujar o expresar lo que sentía. Fue precioso. escuchar y reconocer dónde se producía el placer Mientras estaba delante del ordenador, surgió una nueva forma de hacer las cosas, un nuevo camino en la vida, un viaje desde otro lugar.
Mientras escribo sobre esto, sonrío, me emociono y se me llenan los ojos de lágrimas. Esto se debe a que, durante gran parte de mi vida, no supe cómo estar aquí. No sabía cómo ver la belleza, el valor de las pequeñas cosas, el lado positivo, etc. No sabía cómo entregarme la capacidad de escuchar las señales que me enviaba mi cuerpo a mis pensamientos, acciones y sentimientos. Al encontrar placer al escribir, empecé a cambiar un patrón, a poner de alguna manera límites a las críticas y a los sistemas de creencias tiránicos que se habían apoderado de mí y habían distorsionado mi visión de la realidad.
A veces he intentado seguir un proceso de escritura lineal. Otras veces, me he dejado llevar por el coqueteo del momento32 de la experiencia que me impulsó a profundizar en ella. A medida que me he dejado llevar por lo desconocido, por aquello que me ha llamado la atención, he ido descubriendo el placer de escribir. Me gustó la sensación que tuve, sobre todo al final del proceso, de que estaba abriendo pequeñas puertas en un laberinto en el que aprendía y comprendía las dificultades, donde parecía que un nudo se iba desenredando y donde el camino se iba llenando cada vez más de luz y color.
Soy consciente de que ha habido aspectos que dejé para el final y que, posteriormente, se han quedado fuera de la tesis. Un capítulo que, lamentablemente, tuve que descartar fue “El cuerpo de una mujer social, cultural y política en relación con el placer”. Un tema que me toca muy de cerca y que forma parte de mi esencia, y que fue precisamente el que determinó el tema de esta tesis. Explorar y escribir sobre las mujeres, la sexualidad y los límites sociales y culturales que restringen nuestro placer fueron los temas que me impulsaron e inspiraron durante este proceso de redacción a dedicarle tantas horas. Y es curioso que, por el camino, decidiera no seguir por ahí, cuando en un principio ese era mi objetivo. Pero si algo he aprendido por el camino es que no puedo controlar todo lo que ocurre, y viajar significa estar abierta a lo que sucede.
Y en este caso, el viaje tenía que llegar a su fin, por la prolongación, el cansancio y el cuidado personal. Como dije al principio, sabía cuál era la estación de salida, pero no la hora de llegada. Y en este caso, la llegada, por el momento, lleva el signo de Cuidado personal, respeto por uno mismo y amor propio. Una llegada y un comienzo en sí mismo.
Nuestra cultura se compone de comienzos y finales. Todo empieza y todo acaba […] Sin embargo, no todas las culturas piensan lo mismo. El diagrama que refleja el flujo del yin y el yang ilustra el movimiento perpetuo de las esencias; nada empieza ni nada acaba, todo fluye, y cuando alcanza su punto máximo, ese punto máximo ya contiene en sí mismo su opuesto.
Tasso, 2008: 79
Hace más de un año, cayó en mis manos un libro de Mireia Darder, “Nacida para el placer”. Fue un aliado que me animó a dar voz al placer como mujer. Incluso impartí una serie de talleres para mujeres sobre el empoderamiento a través de la sexualidad, desde la perspectiva del “Processwork”, con el fin de empezar a investigar el tema. Pero a medida que me adentraba en la exploración del concepto, este se fue ampliando, abarcando temas que no había contemplado. Curiosamente, hacia el final de este recorrido, llegó a mis manos otro libro de la misma autora que acaba de publicarse: «La sociedad del abuso». Y así fue como transcurrió el recorrido. No pude investigar el placer y la sexualidad de las mujeres, porque el abuso se interpuso en el camino. Para mí Ha sido necesario superar y asimilar esta historia de abusos para poder acercarnos al placer., ya que ese fue uno de los principales factores que me impedían conectar con el placer.
Por suerte, a lo largo de todo el viaje He sabido seguir el camino sin dejar que el destino o el objetivo de llegar al final me distrajeran., lo que habría generado tensión y habría saboteado mi propio camino.
Otros temas que me hubiera gustado desarrollar o trabajar más a fondo: el mito de mi vida en relación con la cultura y sus roles fantasmas, los estados alterados y las adicciones relacionadas con el placer en la sociedad. Pero, sobre todo, me hubiera gustado involucrar más el cuerpo y el movimiento, sacando mayor partido a mi creatividad e intuición. Y no haberme dejado llevar tanto por la idea de que tenía que escribir un texto “serio y convencional”.
Por otro lado, cuestiones que no figuraban en mi idea inicial, como los abusos, cobraron fuerza y ocuparon su lugar en este proceso, aportando un componente importante para la sanación.
Algo interesante que he descubierto por el camino ha sido comprender que la vida es un misterio que hay que vivir y no un problema que hay que resolver, y lo mismo ocurre con el placer. Al principio lo veía como algo problemático en mi experiencia. Al cambiar mi forma de verlo, he disfrutado descubriendo el misterio que se esconde tras mi relación con el placer. A veces nuestros pensamientos son limitados y esto resulta opresivo y, a menudo, patológico.
b) El crítico como aliado
Algo que ha estado muy presente a lo largo de todo este proceso, y de lo que he aprendido mucho, ha sido la conciencia constante de evitar hacer definiciones patológicas sobre mí misma y mi experiencia. Me ha sorprendido ver la gran cantidad de veces que yo... oprimir mi experiencia al convertirla en un caso patológico, sin darle ninguna opción que se pudiera explorar.
Dada la presencia determinante de la voz crítica desde el inicio de la tesis, ha sido importante y crucial concederle espacio y escucharla con atención.
Dentro del sistema de creencias individual, existen los sistemas inflamados, ocupados por las voces críticas, que trascienden la psicología individual. Están compuestos por sistemas de creencias individuales, socioculturales y sociopolíticos. Se trata de opresores internos que presentan aspectos socioculturales, pero que hemos interiorizado. La voz crítica interna es generalista, no es específica, y eso la hace inútil.
Al principio, seguir este proceso girando hacia los problemas que se avecinan puede parecer contrario a la intuición o incluso peligroso. […] Seguir el Tao girando para enfrentarnos a los problemas que se avecinan nos libera, ya que la energía física y emocional ya no se gasta en oponer resistencia.
Diamond&Spark, 2004: 19
Me parece interesante hablar del papel o la figura del crítico, y abordarlo esta vez con cariño, atención y compasión. Me ha acompañado desde que apenas tenía conciencia. Hemos escalado montañas, cruzado ríos, recorrido llanuras… Siempre ha estado ahí, y a menudo tiene cosas que decir. Ha ocupado, o se le ha concedido, un espacio en el que su voz recibía mucha atención e incluso guiaba el proceso, acaparando gran parte del poder y la fuerza. Pero su forma de actuar no ha sido la de un buen compañero de viaje, sino que ha generado mucho dolor, opresión y sufrimiento. En este viaje, nuestra relación se ha ido transformando a cada paso. No ha sido una tarea fácil, pero ha sido muy necesaria para mi salud y mi bienestar. De hecho, este trabajo no habría sido posible sin este cambio en nuestra relación.
En mi historia, mi voz crítica ha ejercido una influencia muy fuerte: ha minimizado mi dolor, me ha empujado a superar mis límites, me ha oprimido y me ha hecho creer que no sirvo para nada. Por eso ha sido necesario entrenarla o educarla para poder escucharla y descubrir la utilidad de sus mensajes. He recopilado cada voz crítica que me frenaba como escritora, explorándola y escuchándola hasta que encontraba el mensaje útil y la sabiduría que aportaba, profundizar y tomar conciencia de diferentes aspectos para poder escribir desde mi totalidad y sentirme más completa.
Aprender a sacar partido de la crítica, y no solo a combatirla y quedarnos atrapados en el papel de víctima, tiene que ver con un un nuevo uso del poder y el placer. Una forma de seguir mi naturaleza y llevar al crítico a un mundo de belleza. Un paso necesario para aprender a centrarnos más en la belleza de la vida.
Estamos hablando de algo muy profundo; no se trata solo de placer, ni simplemente de llevarnos al cielo. Es un cambio de perspectiva respecto al mundo. La crítica fue una de las peores cosas de mi vida, y lo que hice fue transformarla con creatividad y con una nueva mirada, hasta que se convirtió en una aliada que enriqueció mi escritura y mi proceso.
❖ Algunas opiniones de los críticos:
C: “No podrás dedicar tanto tiempo a investigar sobre el placer si no sabes cómo conectar con él. No podrás mantenerlo y volverás a deprimirte“.“
→ Es importante prestar atención a lo que me ocurre, sabiendo que tengo grandes limitaciones en lo que respecta al placer. Esto indica que, en la depresión, hay algo importante que explorar. La distinción entre lo bueno y lo malo, entre saber o no saber comportarse de una determinada manera, es lo que me causa sufrimiento. Pensar que debería sentirme bien hace que sufra.

C: “Nunca has sido capaz de conectar con el placer y ahora estás escribiendo sobre cómo vivirlo. ¡Ni siquiera sabes lo que es el placer! Tienes una “desventaja”“.“
→ La idea es centrarse en el esfuerzo por disfrutar, por intentar vivir el momento.
Y fíjate en qué límites me frenan.

C: “¿Por qué hay que diferenciar entre la sexualidad masculina y la femenina en lo que respecta al placer?”
→ Pone de relieve un aspecto histórico importante tanto del cuerpo como de la historia de las mujeres, en contraposición a la de los hombres. Me hace reflexionar sobre el sexismo, sobre el sistema patriarcal…
C: “Ten cuidado con lo que dices si mencionas el feminismo y si hablas de las mujeres. Si hablas de feminismo, tienes que leer muchos libros y hacer reflexiones muy acertadas“.“
→ Nos hace pensar en los sistemas de creencias que nos influyen.
Me recuerda que estoy escribiendo sobre mi experiencia. Lo importante es el respeto hacia mí misma y hacia mi verdad, más allá de lo que piense o diga la cultura mayoritaria.
C: “Si no eres puro ni perfecto, te van a criticar”.”
→ Ayuda a definir un papel social fantasma que está presente en muchas ideologías. Este papel es lo contrario del placer; silencia a la gente y me silencia a mí. Está presente en el feminismo, el racismo, el marxismo… Habla de cómo estas dinámicas de roles me alejan del placer y de la libre expresión, y no me dejan ser yo misma por miedo a la humillación o a las críticas.
C: “A nadie le va a interesar leer una tesis sobre la vida de alguien. Parecerá un diario personal“.“
→ Centrémonos en otras personas con experiencias similares y en lo que ellas…
puedo hacer para no sentirme tan sola. Lo que vivo o lo que aprendo es algo personal, pero los patrones pueden servir a otras personas. Recuerda que trabajar en lo personal es político y necesario.
Puedo hablar de forma positiva sobre la otra cara del placer y, de este modo, comprender qué mecanismos y procesos facilitan o dificultan el acceso al placer.
C: “Tiene que servir para algo”.”
U → Indica la importancia de cómo hacer que resulte útil para mí y para los demás. Me ayuda a buscar el sentido y a quién va dirigido.
C: “No tiene sentido hacer este trabajo con ansiedad. No se disfruta escribiendo la tesis“.“
→ Recuerdo lo importante que es no oprimirme a mí mismo y prestar atención a las críticas o a los sistemas de creencias que rigen mi forma de actuar.
Mi objetivo es encontrar formas de escribir en las que pueda disfrutarlo y descubrir qué es lo que realmente me apetece escribir, en lugar de sentirme obligado a hacerlo.
Hablemos del sistema de creencias sociales en torno a la presión que se ejerce para sentir placer.
C: “No pierdas el tiempo con dibujos, creatividad y juegos para mover tu “pequeño” cuerpo. Sé productivo y sigue adelante“.“
→ La conexión conmigo mismo y la capacidad de buscar formas no racionales de aprender se ven aplastadas por el sarcasmo, que resulta abusivo. Se trata de una barrera social y cultural.
C: “No sabes escribir bien, por eso en el colegio siempre te suspendían. Si no sientes lo que escribes, no entiendes nada y resulta caótico“.“
→ Destaca la importancia de conectar con el corazón y los sentimientos, para ser
capaz de expresarme desde ahí. Me recuerda que mi potencial reside en mi capacidad para sentir.

C: “Si haces la tesis sobre el placer, la gente pensará que eres un ”pervertido“».“
→ Hablemos del sistema de creencias de la sociedad. Existe un matiz cultural. Al principio me costó mucho decir que estaba haciendo una tesis sobre el placer. Me justificaba explicando que se trataba de ir más allá del placer sexual.
C: “Si no explicas toda tu historia, no se entenderá por qué haces esto”.”
→ Me recuerda la importancia de los límites: no estoy obligada a nada. Ni a escribir la parte teórica de la evolución histórica, ni a compartir mis momentos o situaciones más dolorosas. Puedo explicar mi proceso de aprendizaje sin tener que entrar en detalles íntimos que debo proteger.
C: “No estás escribiendo nada nuevo. No estás aportando nada“.“
→ Me recuerda la necesidad de creer en mí misma, de confiar en mi experiencia y, de alguna manera, lo importante que esto puede ser para el mundo.
Se ha escrito mucho sobre el «Processwork». He recopilado todo este conocimiento y me he centrado en este tema en concreto. Pero, sobre todo, he investigado a través de mi propia experiencia para ampliar mis conocimientos.
C: “No sabrás cómo terminar la tesis porque nunca será suficiente. Tendrás que haberlo entendido todo para poder terminarla“.“
→ Me advierte que preste atención a mis exigencias personales y a mi perfeccionismo. También que tenga en cuenta que se trata de un tema muy amplio que tendré que delimitar, ya que no puedo pretender abarcarlo todo. Aceptar que siempre faltará algo. Me recuerda que el placer tiene que ver con establecer límites.
10. Conclusiones y lecciones aprendidas
Definimos la realidad basándonos en las experiencias, los conocimientos y los sistemas sociales y culturales en los que nos hemos desarrollado. Creamos nuestra propia visión de la realidad y, en mi caso, ha sido necesario cambiar mi punto de vista para ampliar mis perspectivas. El placer no tenía cabida en mí. Me ha costado mucho trabajo desmontar todas las barreras y creencias que me lo negaban, atándome a una identidad de sufrimiento y lucha. Yo misma había creado mis propios límites dentro de mi mundo y había dejado fuera el placer. Solo yo podía darme el permiso o la oportunidad de crear algo diferente, y así lo he hecho.
Al llegar a este punto, me encuentro con una dificultad que me resulta familiar: cerrar y establecer límites. Siento el miedo, el peso de la exigencia, la tristeza de dejar ir, la inseguridad de aventurarme a lo que viene después, la resistencia a abandonar lo que conozco… Innumerables sensaciones, emociones y pensamientos recorren mi cuerpo y ocupan mi mente. Y para no dejarme llevar por la confusión, echo la vista atrás al recorrido completo que he hecho con este artículo, y especialmente al haber aprendido a establecer límites, a decir «no» al abuso o a las críticas, a detener los pensamientos obsesivos o la patologización constante hacia mí misma. Y, conectando con esta capacidad que sí tengo, sigo adelante con la necesidad de cuidarme y de dar espacio a las cosas nuevas que llegan. Así que es hora de cerrar este viaje.
Ha sido un viaje lleno de aprendizaje, sobre todo a nivel experiencial y emocional, más que racional o intelectual. Si hay algo que puedo decir es que Ha sido un camino de búsqueda para encontrar la unión entre mi cuerpo, mi mente y mi alma.. Y hoy, al ver que se acerca el final, puedo sentirme satisfecha, a nivel de experiencia, con todo el recorrido. Ha sido un camino largo y duro en el que me he sentido despojada hasta lo más profundo de mi alma, y he aprendido a hacerlo con cariño y respeto; y, sobre todo, he descubierto el amor incondicional hacia mí misma.
Empecé este viaje pensando en el placer como algo estático, fijo, como un fin o un lugar al que llegar, como si fuera un objetivo. Y lo que más he aprendido ha sido descubrir el camino de vuelta a casa.
Sí, ha pasado un viaje de vuelta a casa…
Uno de los aspectos clave para poder volver a lo que yo llamo “hogar” es volver a habitar mi cuerpo, respirar y sentir dentro de él. Que el cuerpo deje de ser un lugar hostil, doloroso o peligroso en el que estar, y que se convierta en un hogar que me acoja, que me ofrezca refugio, en el que pueda disfrutar y, sobre todo, en el que me sienta segura conmigo misma, siendo yo misma quien cuida de mí. Esto se opone a la experiencia del cuerpo como un lugar del que huir, como ocurría con el abuso o la epilepsia. Volver a casa es sentir que vivo dentro de mí misma y que estoy en conexión con mi naturaleza, mi esencia y con lo más profundo de mi ser.
Un segundo aspecto clave tiene que ver con el aprendizaje que me proporciona el distanciamiento que experimento cuando voy a lo esencial, hasta la fase 4. Una lección que me enseñó la naturaleza cuando estuve a punto de morir durante el terremoto, momento en el que pude conectar con un estado de placer y relajación muy profundos, más allá de lo que estaba sucediendo. Supuso aceptar la muerte y soltar la lucha, la identidad, la realidad consensuada y las polaridades, para llegar al nivel de la esencia.
Empecé este viaje con una intención, pero el proceso fue surgiendo a medida que escribía. El abuso se infiltró en lo que escribía sin dejar espacio para seguir buscando el placer. En mi caso, el abuso y el placer estaban totalmente entrelazados, y no habría sido posible volver a mi propio cuerpo sin aceptar la historia que en él se había grabado.
Descubrí que Para mí, el placer consiste en estar plenamente conectada con mi totalidad; consiste en acoger y abrazar todas mis partes en armonía.. Formar parte del todo implica decir «NO» a la voz crítica y romper el patrón en el que no me concedo espacio a mí misma ni a mi integridad, incluyendo mis imperfecciones. Y el maltrato forma parte de mi historia: en el pasado fue de tipo sexual y, posteriormente, el maltrato interno —aunque ahora con menos presencia e intensidad— sigue presente en mi vida cotidiana.
Para este viaje me preparé antes de partir, analizando qué habilidades y meta-habilidades me iban a resultar útiles para que el camino fuera lo más bonito y agradable posible. Me embarqué en el camino hacia la exploración del placer a través de mi propia experiencia y percepción del mismo, además de observar qué significaba o había significado para la sociedad a lo largo de la historia. También lo exploré en relación con la salud y con la forma en que, como sociedad, gestionamos el dolor y el sufrimiento. La naturaleza apareció en el camino, junto con la importancia de conectar con ella, con sus ciclos y ritmos. La importancia de aceptarla tal y como es, sin querer dominarla ni imponer que las cosas sean de una determinada manera. La naturaleza y la visión taoísta me han aportado importantes enseñanzas sobre la relación con el placer.
En este proceso Ha sido importante conocer mi territorio mental.. Conocer mis sistemas de creencias y mis reacciones ante los miedos y los rechazos, y desmontar cada voz de mi crítico interior para desvelar el mensaje que se escondía tras ella. Y no solo el mapa mental, sino también el corporal. He explorado el mundo de los sueños a través de los síntomas crónicos, las experiencias corporales y los acontecimientos importantes que han tenido lugar a lo largo de mi camino, para revelar las energías míticas o los patrones arquetípicos de mi ser; las tendencias que han estado presentes a lo largo de mi vida. En todos ellos he visto cómo, a través de las figuras secundarias, puedo tener un mayor acceso al placer. Incluso aquellas figuras que han tenido un gran impacto en mi vida han sido semillas de aprendizaje y transformación.
La posibilidad de explorar diferentes roles, voces y experiencias ha sido fundamental para el trabajo en el ámbito del trauma y el abuso.. Trabajar con las diferentes dimensiones y ser capaz de aceptar las distintas fases de la experiencia y el enfrentamiento con el abuso. Pero salir del papel de víctima ha sido fundamental para el trabajo con mi agresor interno.
Gracias a todo esto, me he despojado de todas esas capas que en el pasado creé a mi alrededor para hacer frente a este mundo. Ha sido como pelar una cebolla, capa a capa, hasta quedarme desnuda de críticas y sistemas de creencias, y así poder volver a reconocerme, reconectar con mi esencia y decidir qué vestido quiero ponerme y cómo. Dejar de limitarme a sobrevivir y empezar a decidir qué vida quiero vivir.
Ha sido un camino hacia la plenitud, hacia el descubrimiento de quién soy y cómo me desenvuelvo en el mundo. He explorado tanto los aspectos más conocidos de mi identidad como los más recónditos, con el objetivo de tener una visión más completa de mí mismo y, por consiguiente, una realidad más democrática.
Trabajar con el placer y este proceso a largo plazo con mis límites en torno al placer me ha ayudado a conocerme mejor y a conectar con mi mito vital. He descubierto que conectar con el placer es conectar profundamente con mi ser, es estar íntimamente relacionada con mis deseos y con mis necesidades. Es estar muy cerca de mí misma y seguir atentamente las señales.
Al trabajar con mis fortalezas a largo plazo, he empezado a incorporar nuevas experiencias y, en cierto modo, una nueva identidad en mi vida, aceptando cada vez más el permiso para ser creativa, para sentir y para apreciar la belleza. Ha sido cuando me he querido lo suficiente cuando he podido verme a mí misma en mi totalidad.
Al tratarse de un proyecto heurístico, ha sido muy necesario contar con ayuda externa. Los supervisores me han enriquecido con sus comentarios y me han ayudado a profundizar en el proceso, aportando una mirada externa imparcial. También ha sido importante desarrollar en mí la mirada del metacomunicador, para observar los procesos primarios y secundarios de la experiencia, sin juzgar y con compasión. Esto me ha ayudado a abrirme a la experiencia y a explorarla desde la curiosidad.
Aceptar que el cambio es inherente a la vida y que las cosas siguen su curso y necesitan tiempo para cambiar. No es fácil, pero es esencial. Al principio, anhelaba conectar plenamente con el placer. Pero me ha llevado mucho tiempo y haber aceptado el misterio de la vida llegar hasta donde estoy hoy y conectar con lo que ahora llamo placer. Era diferente de lo que creía hace un año. La perspectiva de la vida cambia, al igual que el significado de su importancia.
“Lo hicimos porque no sabíamos que fuera imposible”
El simple hecho de escribir este texto me ha permitido reflexionar sobre el placer, validarlo y darle espacio para que se integre más en mi vida. Prestar atención a cada momento, fijarme en lo que me hace conectar —o no— conmigo misma, y observar bajo qué creencias y voces actúo en cada momento.
Un placer…
Lo que he descubierto sobre el placer es que no puedo dividirlo en partes,
pero solo puedo contemplarlo en su conjunto.
No es necesariamente un lugar de éxtasis,
ni de felicidad, ni de ausencia de sufrimiento o dolor.
Es un estado que va más allá de ser o no ser, sino de cómo ser.
El placer consiste en vivir el momento y aceptar lo que hay sin oponer resistencia.
Es aceptar su naturaleza.
Hablar de placer es hablar del presente, e incluso de abuso.
Porque todo forma parte de la misma historia, de la misma realidad, de la misma cultura patriarcal que forma parte del mundo entero y de todas sus complejidades.
Se trata de dejarme llevar por la fluidez del proceso y de acompañarme a mí misma a lo largo de la
dificultades.
Se trata de escucharme a mí misma, de sentirme y de seguir las señales de mi cuerpo.
Sí, se trata de escuchar a mi cuerpo y su sabiduría.
Es la sensación de libertad que se siente al no crear vínculos y poder establecer límites.
Es saber decir «SÍ» cuando es «SÍ»,
y saber decir «NO» cuando es «NO».
Se trata de profundizar en el abuso para extraer el poder que se esconde en él.
Se trata de descubrir el mapa interior y adentrarse en lo más profundo con compasión, curiosidad y amor.
Se trata de quererme a mí misma incondicionalmente.
Se trata de respetarme a mí misma con mis miedos, mis límites y mis inseguridades, sin forzar las cosas.
Lo que frena es quien empuja.
Se trata de frenar la obsesión o el juicio y, a su vez, aceptar que existe.
Se trata de aceptar que cometo errores y de tomármelos como oportunidades para aprender.
Se trata de ver al profesor en el abuso.
Es aceptarme tal y como soy, en toda mi diversidad y totalidad, y que las diferentes partes de mí convivan en armonía.
Es... sin el peso de las creencias y las obligaciones.
Para poner un límite a este texto y poder darle por concluido, tengo que aceptar que estas conclusiones no serán perfectas. La imperfección forma parte del misterio de la vida y de la ausencia de sufrimiento. Sin esa imperfección, la perla no se habría formado dentro de la ostra. La imperfección aporta belleza y magia. Intentamos describir cosas mágicas, y a veces resulta difícil.
Desde aquí contemplo mi trayectoria con gratitud y respeto, y me alegro de dar por concluida esta tesis y de abrirme paso hacia nuevas etapas de mi vida. Sé que aún me queda mucho por aprender, pero lo que he aprendido hasta ahora es suficiente para seguir avanzando. Aceptar y reconocer mi historia es una base estupenda desde la que emprender un nuevo camino. Estoy preparada y ilusionada por desarrollar y explorar nuevos patrones, paisajes y experiencias. Acojo con agrado el misterio de la vida.
Termino con una frase que me conmovió profundamente cuando la leí: “Reconoce que, allí donde estamos, ya hemos llegado”. Por lo tanto, todo lo que busco en el exterior o en el futuro ya está dentro de mí. Solo hay que confiar en ello y darle espacio. <<Eva…welcome home>>

11. Referencias bibliográficas
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Diamond, Julie y Jones, Lee Spark (2004). Un camino que se forja al recorrerlo: el «Process Work» en la práctica. Portland: Editorial Lao Tse
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Mindell, Arnold (1995). River’s Way: La ciencia del proceso para alcanzar el cuerpo ideal. Pingüino
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Muñoz Goulin, Julián (2001). El taoísmo. Madrid: Acento, cop.
Tasso, Valérie (2008). Antimanual del sexo. Temas de Hoy: Madrid
Tse, Lao (2016). Tao Te Ching. Granada: Valparaíso Ediciones S.L.
Van der Kolk, Bessel (2015). El cuerpo lo lleva todo en cuenta: cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Barcelona: Eleftheria
Pierre Morin y Gary Reiss (2010). «Inside coma»: una nueva perspectiva sobre la conciencia, la curación y la esperanza. Praeger
Watts, Alan (2010). ¿Qué es el Tao?. Barcelona: Kairós
Otros:
Gran parte de la información procede de diversos seminarios a los que he asistido a lo largo de más de siete años de formación, principalmente en el Instituto de Trabajo de Procesos y en el Deep Democracy Institute.
Gran parte del glosario procede del «Glosario fusionado».
http://psicorockgia.com/la-sociedad-depresiva-del-siglo-xxi
Vídeo de Pierre Morin: https://www.youtube.com/watch?v=2FD5_qFRcpY
- Atribuido a Carol Hanisch ︎
- Atribuido a Arnold Mindell ︎
- Límite: representa el límite de la identidad conocida, así como un punto de contacto con experiencias o identidades desconocidas. Desde el punto de vista estructural, un límite separa el proceso primario del secundario. Los facilitadores utilizan diversas herramientas para ayudar a una persona a traspasar su límite y completar lo que está intentando decir, hacer o ser. ︎
- Enfoque: hablar de los procesos o ofrecer un “informe de situación” sobre lo que está ocurriendo para ayudar a crear conciencia. ︎
- Campo: Una atmósfera emocional o una sensación de una conciencia compartida concreta que parece transmitirse por medios acausales y no newtonianos. O bien, un área del espacio en la que actúan líneas de fuerza. Está presente en todas partes y en todos a la vez. Se encuentra aquí y ahora en su totalidad, cada vez que simplemente pensamos en él. ︎
- Teleología: Creencia según la cual los fenómenos naturales no solo vienen determinados por causas mecánicas, sino también por un diseño o propósito general de la naturaleza, o de que existe una causa final o futura. ︎
- Conciencia: Conciencia de la conciencia, es decir, la capacidad de ser consciente de que uno es consciente de la experiencia fenomenológica. ︎
- Señales: Elementos de información. Un indicador —que suele manifestarse en el movimiento, el lenguaje, el tono de voz u otra señal no verbal— que transmite un significado. ︎
- Sistemas de creencias: conjunto de principios o dogmas que se ven influidos por diversos factores de la vida de una persona y que cambian con el tiempo. ︎
- Papel: Un punto de vista o función dentro de un ámbito, que suelen ocupar distintas personas en diferentes momentos. El concepto de «papeles» pertenece al aspecto onírico del proceso. Aunque cada papel —como el de jefe, subordinado, paciente o ayudante— parece estar asociado a un individuo concreto, cada uno de nosotros es más que cualquier papel que desempeñemos. En otras palabras, las personas no son meros roles. ︎
- Metahabilidades: Capacidad para aplicar las habilidades. La sensación de calidad que hay detrás de nuestras capacidades. Son las actitudes, los valores y las creencias que percibimos y que expresan profundamente nuestra forma de trabajar con los demás. ︎
- Críticos internos: normalmente hablamos de “críticos internos” para diferenciarlos de un crítico externo (por ejemplo, otra persona), pero, por supuesto, muchas voces críticas internas también pueden ser como opresiones interiorizadas, etc.; es decir, hemos interiorizado algo que nos menosprecia por nuestro género, nuestra edad y también a través del abuso, la humillación y otros traumas. ︎
- Democracia profunda: La creencia de que hay sabiduría en, bajo o detrás de todos los puntos de vista, y de que debe existir libertad para la expresión de opiniones y experiencias diversas, de modo que se pueda comprender esa sabiduría más profunda, se puedan encontrar soluciones sostenibles a problemas complejos y puedan desarrollarse comunidades más sanas. La democracia profunda es un concepto básico, así como una metahabilidad multidimensional (actitud emocional) ante la vida que reconoce la importancia, en esencia igual, de los asuntos y preocupaciones de la realidad consensuada (hechos, cuestiones, problemas, personas), las figuras del mundo onírico (papeles, fantasmas, direcciones) y la esencia (punto en común) que conecta a todos. ︎
- Anciano: Función o figura que tiene la capacidad de comprender, empatizar con y apoyar a personas o grupos en conflicto, de todas las partes implicadas en una cuestión, de forma simultánea y compasiva. ︎
- Experiencias secundarias: están relacionadas con el proceso de marginación. ︎
- Proceso secundario: Se refiere a aquellas experiencias que están más alejadas del sentido de identidad de una persona. Son aspectos de nosotros mismos con los que, como individuos o como grupos, no solemos identificarnos ni queremos hacerlo. A menudo proyectamos estos aspectos sobre personas a las que consideramos “otros”. Podemos marginar o admirar estas cualidades, atribuyendo rasgos de inferioridad o superioridad a otros grupos. ︎
- Esencia: El nexo común que nos une a todos. Cuando surge la esencia, esta
se expresa en términos de partes y procesos de «Dreamland» y «Consensus Reality» ︎ - Sincronicidades: una coincidencia aparentemente significativa en el tiempo de dos o más acontecimientos similares o idénticos que no guardan relación causal entre sí. Se trata de combinaciones de experiencias psicológicas y experiencias del mundo o físicas. ︎
- rango: Posición relativa en la sociedad, una organización, una comunidad o una relación que se establece en función de las diferencias percibidas en diversas dimensiones, tales como el género, la raza, la edad, la orientación, la apariencia, la salud, la educación, el idioma, la situación económica, la conciencia psicológica o espiritual, etc. ︎
- Canal: son vehículos de señal que transmiten comunicación intencionada y no intencionada. En PW hablamos de cuatro canales irreducibles: la propiocepción, el visual, el auditivo y el del movimiento; y dos canales compuestos: el de las relaciones y el del mundo. ︎
- Niveles de conciencia: entendemos que… hay tres niveles: la Realidad consensuada, el Mundo de los sueños y la Esencia. Todos los niveles se desarrollan al mismo tiempo, de forma simultánea. ︎
- Rango social: es uno de los cuatro tipos de rango del paradigma del Processwork. Se trata de un tipo de rango externo determinado por la cultura y la sociedad en las que vivimos. ︎
- Atribuido a Mahatma Gandhi ︎
- Atribuido a Brigitte Vasallo ︎
- Energía X: es una energía perturbadora, relacionada con el proceso secundario ︎
- “Soñar”, con mayúscula, se utiliza para referirse al ámbito de la experiencia indiferenciada, lo que Mindell también denomina «realidad sensible». «Soñar», con minúscula, se refiere a percibir y dejarse llevar por experiencias oníricas. ︎
- Metacomunicador: es una especie de “observador imparcial” que se da en el budismo. Se trata de una capacidad de autorreflexión que permite percibir, organizar y dar cuenta de las propias experiencias. (Diamond y Spark, 2004: 28) ︎
- Estado alterado: es un estado que se aleja de la conciencia habitual. ︎
- Atribuido a Bessel Van Der Kolk ︎
- Papel fantasma: En el «Processwork» son aquellos roles que forman parte del sistema, pero que no están presentes, en el sentido de que nadie del grupo los representa. Son voces, perspectivas u opiniones que la mayoría o la cultura del grupo no aceptan ni consideran válidas. ︎
- Rango psicológico: es uno de los cuatro tipos de rango del paradigma del Processwork. Es interno y está relacionado con las cualidades personales y la forma de afrontar la vida. ︎
- Relacionado con “coquetear”. Coquetear: Utilizamos la palabra “coquetear” en su sentido más general, para referirnos a algo que intenta llamar nuestra atención. Una flor, por ejemplo, puede «coquetear» con nosotros (¡y viceversa!). El coqueteo ocurre tan rápidamente que solemos pasarlo por alto u olvidarlo. Sin embargo, en la comunicación, el coqueteo desempeña un papel importante como precursor de las señales y de situaciones comunicativas potencialmente difíciles. ︎